Al final de las fiestas de fin de año, Bogotá transcurre entre una tensa calma y la inminente llagada de los viajeros que entrarán a engrosar las dinámicas propias de una ciudad atestada de carros, con un deficiente ‘sistema’ de trasporte y en obra negra. Y es que los últimos días de diciembre, y los 1ros días de enero, son época precisa para disfrutar de este paraíso circunstancial y, de paso, empezar a proyectar que le deberemos soportar durante 2011.

Leer más: PARAÍSO CIRCUNSTANCIAL