Foto: carroya.com                                                                                                                          


El Pico & Placa se implantó en Bogotá hace unos años con el fin de mermar los efectos nocivos sobre la movilidad y el medio ambiente, de un parque automotor descontrolado e invasivo. La medida desde un principio fue polémica: “que el derecho al trabajo”, “que la libertad de movilización…”, razones validas pero que sencillamente olvidaban el bien común. Hoy, después de 13 años, los bogotanos lo pedimos a ‘gritos’ en medio de las obras y de la incapacidad del Estado para  generar alternativas de transporte de calidad.

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