Ciudad Bogotá, Por: Efraín Isaacs - elbogotazo.com

Categoría: Ciudad Bogotá


 

 

Foto: colombiareports.com                                                                                                            

 

 

Durante navidad, a pesar de que la mayoría olvidamos las dificultades que padecemos, a la ciudad le florecen todas las problemáticas que hoy la tienen sumida en una de las peores crisis de su historia. Precisamente eso sucede con taxis y taxistas que, a pesar de prestarle un servicio público a la ciudadanía, en esta época ostentan un poder inimaginable con el cual abusan de los bogotanos que no tienen alternativas de transporte. “Que la prima, que los trancones, que no alcanzó…”, son algunas de las excusas que debemos enfrentar.

 

Después de una hora de esperar en una esquina, y de múltiples rechazos, hace dos noches tuve que pedir un taxi por teléfono con el fin de asistir a una cena familiar. Inicialmente fue un ‘karma’ acceder al servicio. Duré más de 20 minutos marcando a cuanta empresa se me ocurría, hasta que finalmente una operadora automática me lo concedió. Cuando abordé el vehículo, de entrada el malencarado conductor se quejó por mi rumbo y, cuando me dejó, casi me pega porque le pregunté de donde salía la cifra que me cobraba.

 

Pero lo anterior no es nada frente a lo que deben enfrentar los capitalinos. Horas y horas tratando conseguir uno, la imposibilidad de hacerlo por teléfono, taxistas que condicionan el servicio al destino y conductores malhumorados que tratan mal a sus usuarios, evidencian la necesidad de generar un plan de normalización de este servicio que, insisto, es público. Ahora que está tan de moda el SITP necesitamos ver el componente taxis, el cual al menos deberá incluir su zonificación del servicio por demanda, pero sobre todo un estricto control sobre su calidad.

 

Según datos oficiales, en 1993 se congeló la entrada de taxis nuevos a Bogotá cuando rodaban mas de 36 mil carros legales. Para inicios de 2009 existían algo así como 48.000 taxis con tarjeta de operación vigente. Sumado a lo anterior, se calcula que la ciudad alberga 12 mil piratas, sin olvidar la evidente sobreoferta. En ese sentido, solo queda la opción de trabajar para la formalización de este servicio público pensando finalmente en el usuario, pero sobre todo en un verdadero sistema integrado de transporte. Lo cierto es que la ola amarilla se apoderó de la ciudad y parece que no tenemos cómo contenerla.