Alta Consejería de El Bogotazo

Categoría: Alta Consejería


El presidente de los Estados Unidos Barack Obama, recientemente a través de una nueva ley financiera comenzó a frenar un poco la laxitud con la que operan los bancos con respecto a las tasas de interés y a otros asuntos más específicos, como por ejemplo la obligatoriedad de ciertas notificaciones que deben realizar estas corporaciones a las personas que manejan tarjetas de crédito, cuentas de ahorro y cuentas corrientes. Esas y otras ventajas ayudan a minimizar un poco las exageradas e injustas acciones de los bancos a través de todo eso que conocemos con el nombre de “letra pequeña”.

Muchas personas creen que la nueva ley tiene cambios notorios pero otros piensan que se queda corta y no detiene del todo la forma en que los bancos se aprovechan de los ahorradores menos acaudalados, menos racionales o menos cuidadosos. Sin embargo, a todas luces, es una muestra de que el gobierno norteamericano está lentamente dando un leve giro hacia donde se debe dar. Se está comenzando a ver en la política que el salvaje lema de la ganancia por la ganancia no va a ser necesariamente el modelo a seguir.

Esto sucede al mismo tiempo en que, en Colombia, las políticas económicas más reaccionarias en las dos últimas décadas buscan afanosamente una continuidad después de que la Corte negara la posibilidad de una segunda reelección. Luis Carlos Sarmiento Angulo y toda la banca transnacional ya lograron en nuestro país, a través del gobierno de Uribe, monopolizar el mercado bancario acabando con el proyecto de David Murcia Guzmán (DMG) que por sus excelentes intereses y rendimientos, estaba dejando a los bancos sin clientes acaudalados y estaba convirtiendo la demanda de la banca en una demanda menos inelástica. Colombia vive el proceso de neocolonización más grande que haya vivido país suramericano alguno en esta última etapa de nuestra historia. No solamente la banca es ya transnacional casi en su totalidad sino que también, parte importante de los medios de comunicación le pertenecen al capitalismo mundial integrado.

El cierre de Cambio fue una muestra de que lo que llamamos seguridad democrática no es sólo un fenómeno local o sólo militar. Es también la representación de unos intereses transnacionales financieros que son muchas veces incongruentes con las necesidades reales de los colombianos. Durante el gobierno de Uribe se vendió entre otras: Coltabaco, Avianca, Bavaria, Caracol Radio, se privatizó gran parte de las empresas del sector público y se dejó también un gran vacío en el empleo y en la calidad del trabajo. Se acabaron el pago adicional de las horas extras, los domingos y los festivos. Se flexibilizó la contratación laboral en detrimento de ésta pero en beneficio de las élites empresariales que, erigidos como los amos, despiden cuando dejan de ganar. Y cuando ganan de verdad, convierten las ganancias de todos los colombianos en capitales golondrina como sucedió con Bavaria. En cuanto a los medios, la revista Cambio fue cerrada con argumentos de rendimiento económico pero en realidad, fue el apagón súbito y deliberado de una voz que se diferenciaba un poco de la única voz neocolonial que se adueñó de los medios y de las instituciones políticas.

Los Bancos, los medios mayoritarios y las corporaciones transnacionales, se convirtieron en países como Colombia, en unos maléficos gigantes que aplastan y saquean a su paso los tejidos humanos que sostienen todas las sociedades. También el secuestro o el crimen, pero es esa degradación de la violencia, también resultado del desangre social que ejercen las corporaciones. Por ejemplo ya es evidente para todos que las EPS no desangran pero dejan desangrar a los colombianos si no tienen dinero. Es esta una injusticia resultado de factores culturales y de la falta de una ética política dentro de la administración y legislación del Estado colombiano durante casi toda su historia.

A mí personalmente Davivienda me quitó sin avisarme, un dinero de mi cuenta de ahorros para pagar una deuda de una tarjeta de crédito que tenía con ellos y llegué a pagar mi mercado contando con un pago que me habían hecho el mismo día. Llegué a la caja y de pronto me di cuenta que no había nada, cero pesos. Pensé que me habían robado pero en realidad, me di cuenta al otro día, me robó el mismo banco. El tener yo una deuda con alguien no le da a ese alguien el derecho de quitarme la plata de mi comida. Eso son comportamientos mafiosos de las corporaciones que son completamente legales y aceptadas. Eso es un acto de mala fe. Así, a través de esas minucias procedimentales es que se gobierna y se ejerce el poder y la injusticia. Tenemos que aprender a resistir a esas prácticas abusivas si queremos realmente vivir en una sociedad democrática.