Alta Consejería de El Bogotazo

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La propuesta del gobierno colombiano de incluir a estudiantes de Medellín en la red de informantes, aparte de ser una barbaridad total, nos demuestra dos cosas: Primero, la lógica irracional, violenta y autocrática del gobierno y segundo, el fracaso en el que han terminado las medidas de mano dura en Medellín y en el país en general. El crimen no es excusa para la aceptación de medidas criminales y es un crimen seguir circunscribiendo a la juventud dentro de la guerra. Menos aún, juventud seleccionada bajo un criterio socioeconómico injusto, utilizando la necesidad y la falta de dinero como un medio para la creación de redes o de grupos armados, como en su momento fueron las CONVIVIR o los llamados “soldados campesinos”. ¿Cien mil pesos? ¿Es eso un chiste o alguna clase de ofensa a la ética?

 


Las políticas del dictador de Haití, Papa Doc, tan mencionado hoy que está en boga la trágica historia haitiana, puede servirle de ejemplo al presidente para darse una idea de las consecuencias que trae gobernar atomizando la sociedad a través del miedo y del misticismo de la sangre humana. Las autocracias que como la Alemania nazi, se basaron en la persecución y el acoso autoritario, le dieron a las redes de informantes y a los grupos de menores fascistas como la S.A. una gran importancia debido a que son medidas que asumen la guerra no como un medio sino como un fin.

 

Medellín es un ejemplo de las consecuencias de la mano dura. Está militarizada, “guetizada” y estratificada asimétricamente al igual que sucede crecientemente a lo largo de todo el territorio colombiano. Un territorio convertido, por la simbiosis entre el actual gobierno y las FARC, en una gran zona de orden público. Esto nos demuestra que una ciudad o un país en guerra, ni son seguros, ni pueden llegar a ser democráticos. Los momentos en que Medellín ha estado tranquilo han llegado después de océanos de sangre y fuego. Medellín como Colombia se apacigua por cortos períodos luego de tomarse medidas que vuelven a generar a largo plazo las condiciones que contradictoriamente tratan de abolir.

 

Combatir fuego con fuego es una medida que sólo se debería tomar en el bosque porque nos tiene el país en un incendio social y económico administrado para el beneficio de algunos pocos. Asimismo, teniendo en cuenta el estado de zozobra en el que se encuentra la sociedad colombiana en sus bases sociales, podríamos decir que las medidas más capaces de disminuir los niveles de criminalidad, son las que transformen las condiciones actuales de desigualdad y sinsentido. Garantizar la calidad en asuntos claves como la salud, el empleo y la educación por ejemplo, son medidas que paradójicamente, se han convertido en objetivos militares bombardeados sin compasión por el uribismo y su seguridad democrática.


De alguna manera agradezco que este descalabro del gobierno se esté dando previamente a las elecciones de marzo, sumado por supuesto al de la llamada “emergencia social” medida que la Academia Nacional de Medicina invitó a  derogar y a desobedecer. Estas medidas son lujos que el gobierno cree poder darse debido a que su imagen se maneja con engaños y sofismas en los medios y debido también a la sobrada diferencia que existe entre su maquinaria electoral y la fragmentada maquinaria de la oposición. Sin embargo, esto debería aumentar más el descontento de la gente con el gobierno y tal vez desemboque en un aumento del espacio para el voto de opinión, volcándose todo este fastidio y decepción a las urnas y evitándose así, la perpetuación de la tiranía y la injusticia. Así tal vez podríamos hacerle frente al crimen y al secuestro pero con la fuerza de la legitimidad real y de la ética política que extrañamos algunas pocas personas que aún quedamos en Colombia