Alta Consejería de El Bogotazo

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Tanto las prácticas nucleares como la ofensiva diplomática que viene desarrollando Irán en la región y en el mundo, inquietan a la comunidad internacional a pesar de los intereses pacifistas que arguye el gobierno de la nación islámica en su proceder. ¿Por qué? Existen varios precedentes que minan la confianza de otros estados hacia las intenciones de Irán.


El primero consiste en sus ambiciones hegemónicas en la región, suscitadas luego de la guerra de los EEUU contra Irak (2003), al verse posicionado políticamente como referencia del islamismo con el fortalecimiento de los chiítas en Irak y la presencia de otros musulmanes de esta misma corriente en otros países de Oriente Medio; incluyendo a sus aliados locales en el conflicto palestino-israelí: Hezbolá en el Líbano y Hamas en Palestina.  

La nación iraní constituye un régimen fundamentalista de una minoría religiosa discriminada en el mundo islámico,  militantes dispuestos al sacrificio personal por sus ideales jomeinistas y quienes perciben como enemigo a occidente. En este sentido, se entiende porque Israel le significa un rechazo como vecino y un obstáculo como aliado de EEUU para adelantar su estrategia hegemónica islamista en la región.

Así las cosas, otro de los precedentes es la actitud beligerante que ha demostrado el gobierno iraní hacia Israel.  

El Presidente Ahmadinejad -citando al fundador de la revolución islámica- se ha referido al estado judío  como "una mancha nefasta" que "debería ser borrada del mapa”. Así mismo, ha considerado a Israel como una entidad “artificial” y  critica a algunos vecinos por  acercarse a Tel Aviv, advirtiéndoles que “Todo el que reconozca a Israel arderá en el fuego de la furia de la nación islámica”.

El mandatario iraní también ha expresado su favor hacia la intensificación de los atentados palestinos contra Israel, afirmando que "no hay duda de que una nueva ola de ataques en Palestina borrará este estigma (Israel) del rostro del mundo islámico." Reiteró que "la nación musulmana no permitirá a su enemigo histórico vivir en su propio corazón".

En complemento a este discurso, Irán esta desarrollando y realizando prácticas con misiles balísticos Sahab-3 y Sayil, capaces de transportar cargas nucleares hasta Israel, hecho que otros países han condenado por significar una confrontación abierta y provocación a la guerra mediante poderío militar. Con estos antecedentes, aparece como otro factor sensible el programa nuclear que viene desarrollando Irán.

La República Islámica firmó el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) y ha argumentado la funcionalidad pacifista de su programa nuclear al consistir  en la generación de electricidad. No obstante para algunas partes de la comunidad internacional, dicho programa no es claro en cuanto a su finalidad.

Lo anterior ha generado desconfianza de algunas partes de la comunidad internacional hacia las intenciones pacíficas de Irán, encendiendo así las alarmas para evitar que la nación islámica se convierta en una amenaza atómica para la región y el mundo. Parece entonces que con Irán se debe confiar-desconfiando.

Cabe destacar que esta situación no está exenta de los intereses que puedan tener estados occidentales, orientales y de la misma región con respecto a los recursos petroleros, gasíferos y la ubicación geoestratégica que posee Irán. Algunos atribuyen a los discursos de las potencias occidentales la herramienta que justifican una próxima intervención armada de las potencias occidentales a Irán.  Este procedimiento tampoco sería ético y minaría los esfuerzos que se han dado hacia una salida negociada al conflicto palestino-israelí y hacia el objetivo del órgano supranacional de las Naciones Unidas: preservar la seguridad mundial uniendo  a todas las naciones del mundo para trabajar en pro de la paz y el desarrollo, sobre la base de los principios de justicia, dignidad humana y bienestar de todos los pueblos.

La comunidad internacional busca disuadir a Irán con el inicio de diálogos entre representantes de la nación islámica y los países miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (G5) y Alemania, en aras de lograr acuerdos entre las partes. Sin embargo, los reportes de una primera reunión realizada el jueves pasado en Ginebra (Suiza), no revelan novedad alguna y establecen sencillamente una nueva fecha de conversaciones hacia finales de octubre.

Esta situación no debe generar sorpresas, pues las intenciones manifestadas por las partes para reunirse no iban precisamente en la misma dirección: EEUU y otros miembros del Consejo de Seguridad tenían como firme propósito negociar sobre el programa nuclear de Irán. Por su parte, el gobierno iraní expresaba su interés en dialogar sobre desarme y no acerca de sus derechos nucleares.  

Se espera que las conversaciones prosigan en el marco de la preservación de la paz mundial y las partes logren acuerdos garantes de no proliferación de armas atómicas, ni de provocaciones bélicas.

Lo contrario podría agudizar diferencias y conflictos entre países de oriente y occidente, como también regresar al lenguaje antisemita que el estado nazi técnicamente concretó como solución final a la cuestión judía: el Holocausto, un intento de aniquilación total de la población judía.

Por Ana María Rivero, Joven Investigadora CEPI, Universidad del Rosario
Artículo publicado en El Nuevo Siglo, 3 de octubre de 2009