Alta Consejería de El Bogotazo

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Editorial

Diferente a como piensa la senadora Gina Parody sobre los encapuchados en la Universidad Distrital, los revolucionarios en la historia sí han necesitado ocultar su identidad para proteger sus vidas. Lo que pasa es que ella al igual que yo, nunca tuvo la oportunidad de conocer los procesos internos de la revolución cubana, de la guerra de guerrillas en Vietnam o de los movimientos nacionales que nacieron antes de que ella o yo.

El derecho a ponerse una capucha y de ocultar la identidad debe ser, como el derecho a contradecirse, un derecho humano. Un derecho estético, artístico porque implica la construcción de la propia identidad, de la construcción del propio cuerpo. Me parece importante resaltar esto no por darle resonancia al alboroto mediático, gran excusa previa para comenzar a meterse en las universidades y en las casas de los estudiantes, sino por tratar de impedir que se permita una mayor intervención de la fuerza pública en las universidades.

La capucha es un símbolo que ya hemos visto bien manejado por ejemplo por el famoso revolucionario neozapatista Subcomandante Marcos. Nunca dio la cara y no por eso dejó de dársela al mundo entero ganando adeptos a nivel global, y sin necesidad de mostrar el rostro. Marcos es la representación de la no-identidad como la imagen de toda una minoría. Es como si saliera mañana un dictador cualquiera y prohibiera el uso de tatuajes para controlar sectores de la sociedad y para poder neutralizar los procesos culturales o políticos alrededor de tal práctica.

La democracia, en estos momentos de alto control social, debe implicar la posibilidad de la no-identidad. Debe garantizarse el derecho al anonimato para encontrar salidas de diálogo que de otra forma no se podrían dar.   Estoy de acuerdo con que se pudiera dar una discusión abierta con la cara al aire, pero eso sería desconocer la realidad violenta de nuestro país. Si no persiguieran estudiantes para filmarlos y seguirlos dentro de las universidades, sería posible pensar en la posibilidad de una discusión abierta, ya que todos sabemos que la política y en especial el tema de la guerrilla y de los paramilitrares debe ser objeto y espacio de anáslisis académico en las instituciones de educación superior.