Alta Consejería de El Bogotazo

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Hace unos pocos días, recibí un comentario por parte de un extranjero suizo que trabajaba en una ONG en pro de los desplazados que me dejó airado y muy dolido. Me dijo el intrépido viajero cuyo fin era ayudar en el tercer mundo (porque ya en su país no hay más que hacer) lo siguiente: “es tu país un lugar muy exótico, Colombia es un país de putas, paracos y traquetos”.

Mi reacción no fue otra que tratar de argumentar, diciendo las cosas buenas por las que Colombia es una gran nación de gente buena, trabajadora y honrada, un país esplendido con dos mares, con cordilleras, con esmeraldas, con el carnaval de Barranquilla, con el río Amazonas, que el riesgo es quedarse, que Colombia es pasión, que la confianza inversionista, que la seguridad democrática…Cosa que no logró hacerme sentir mejor, antes me di cuenta que ese discursito es una farsa con la que nos deleitamos al consolarnos escuchando mentiras o verdades a medias.

Por fin al pedirle una explicación, me dijo de que no era cuestión de que nos vieran así sólo desde afuera en países europeos.

Sino que las cosas que había dicho eran ciertas y lo probaba con este ejemplo: Ustedes se perciben y se muestran a ustedes mismos en las noticias colombianas, en sus programas y novelas (sin tetas no hay paraíso, el capo, las mujeres de la mafia o como se llame el programa este donde muestran el afán de las niñas por ser las mozas de los traquetos por nombrar algunas nivelas), como aquello que repudian pero de lo cual son vivo reflejo

-silencio y fin de la charla- .

Me llevé este dilema a mi casa, mientras en mi mente giraba la pregunta ¿Será verdad todo eso que había dolido en mi orgullo patrio? Tristemente me di cuenta de que si.

El gobierno, el Estado y la sociedad están empeorando de forma acelerada, y aunque queramos negarlo van a seguir así dando muestras a diario de podredumbre.

Incidentes como los de la fiscalía y su parasicólogo-brujo, los de las colombianas muertas en Israel (que querían prostituirse para obtener mejores condiciones de vida), los de la repartición de la torta burocrática como pago de favores políticos y el escándalo partidista por la obtención de un lugar en el Concejo Nacional Electoral, las notarias repartidas para la primera reelección, los falsos positivos, las chuzadas del DAS, la yidis política, etc. No son otra cosa más que una alarma que se escucha a gritos.

Nuestro contrato social está fragmentado, existe un conflicto que lleva más de 40 años al que no se le ha querido dar solución concreta, debido a los intereses que están en juego para los sectores poderosos y más recientemente para los sectores narcotraficantes.

Vemos, cómo surge una cortina de humo fabricada por el gobierno Uribe alrededor del tema despeje, jugando con los municipios de Florida y Pradera junto con las esperanzas de los familiares de los secuestrados, una cortina de humo con el tema reelección, con las relaciones internacionales y los malos vecinos.

Todo para distraer a la opinión pública de los actos que están haciendo los políticos corruptos y hampones amigos de gobierno, los paracongresistas y los jefes paramilitares que vacacionan mientras se les llama a audiencias o que están en Disney, perdón en las cárceles de Estados Unidos con algunas penas y muchos dólares.

Ye me cansé como colombiano, de ver como a punta de percepciones Light se nos hace creer que el país mejora y no se hace nada.


Ojalá nos quede país para rato, pero esa es la duda saber si nos quedará país, ahora no siento que tenga nada y es el sentimiento de muchos colombianos frente al gobierno, frente a un Estado corrompido por las lógicas mafiosas y corruptas, que se olvida de la realidad de pobreza y desigualdad.

Ver a narcotraficantes caminando o andando por Unicentro o Andino, con sus llamativas acompañantes y sus carros de lujo, sabiendo que se beneficiarán de una ley de justicia y paz que los meterá a ellos y a sus fortunas mal habidas en el mundo de la legalidad, hace que la esperanza por una verdadera justicia desde las instituciones se pierda.

Tal vez ese sentimiento sólo sea la respuesta histórica y vivencial que me da el país, sus diarios y noticias.

Pero es la razón suficiente para que decidamos hacer frente a los problemas, dejemos a un lado la hipocresía que nos caracteriza y el miedo que nos embarga como sociedad.

El país nos necesita como ciudadanos y colombianos, si el Estado y el gobierno no nos sirven, cambiémoslos de forma concreta y fuerte, sin violencia física pero con la contundencia necesaria para decirles a los corruptos, a los negligentes, a los violentos (paramilitares,  guerrilleros,  narcotraficantes o como se llamen),
¡Ni un día más!

Ni un día más de muerte, de corrupción, de hipocresía, la solución…alguna debe ser, pero creo que debemos intentar con la acción política no violenta y la resistencia civil, no al pago de impuestos que no vemos invertidos, no al respaldo político a mentirosos y corruptos, no al apoyo de los violentos y sus leyes mandadas a hacer.

Sabemos que las armas no nos han dado la independencia ni las leyes la libertad, no esperemos que construyan otros el país que queremos.

Hagámoslo nosotros, concertando espacios para una nueva constituyente, logrando una verdad que renueve nuestro contrato social, que deje a los poderosos al mismo nivel que los que no lo son y termine con este país de putas, paracos y traquetos.