Alta Consejería de El Bogotazo

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Al igual que en un secuestro, el operativo que busca rescatar a la persona privada de la libertad  protegerá, pese a cualquier circunstancia, la vida e integridad del secuestrado. Si bien el caso de los peces incautados por la Secretaría de Ambiente en el Centro Comercial Atlantis de Bogotá el pasado dos de enero de 2017 no se puede considerar un secuestro, sí debió revestir las mismas consideraciones en todo momento: la vida e integridad de las especies.

Los argumentos que expone la Secretaría de Ambiente, además de ser totalmente ilógicos, irresponsables e irrespetuosos con la fauna y la opinión pública, también quieren tratar de esconder una serie de prácticas sin experiencias y medidas en el corto plazo, cuyo resultado fue la muerte de los peces incautados.

El comunicado de la Secretaría presenta una serie de inconsistencias que brillan por contradecirse unos con otros, ellas son:

- “La Gerencia de Protección y Bienestar Animal verificó en el lugar las condiciones en que se encontraban los animales.  La adecuación de este tipo de acuarios requiere una alta inversión, porque se trata de recrear las mismas condiciones de la especie, si las condiciones fueran malas, los peces estarían muertos.

- “En ambos procedimientos se garantizaron las mejores condiciones de bienestar animal posibles”. Si existirá una adecuada planeación, antes de la incautación de los peces se debió advertir que los peces serían sacrificados, cosa que no sucedió, luego, se entiende que la mejor condición para los peces era la muerte.

- “Se amenaza la biodiversidad y la conservación de los ecosistemas, aparte de que estas especies pueden introducir enfermedades y parásitos a las especies nativas”. Los peces estaban aislados, en sitios creados a su medida y al interior de un centro comercial de una ciudad, no había en ningún momento amenaza a la biodiversidad.

- “Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, la Subdirección de Silvicultura, Flora y Fauna se vio en la obligación de proceder al sacrificio de dichas especies, aplicando técnicas humanitarias e indoloras y contando en todo momento con la asesoría de biólogos expertos en la materia”.  ¿Por qué no se explicó en un inicio que el proceso tendría este fin? ¿Si el procedimiento era garantizar las mejores condiciones, por qué no se exploraron otras salidas?

Ante estos hechos, el médico veterinario Milton Acosta (@milveterinarios) concuerda en afirmar que al momento de las incautaciones los peces se encontraban en buenas condiciones, cosa que la Secretaría de Ambiente no podía garantizar, dado que para ello se necesitan los acuarios específicos para este tipo de peces; situación de la que dieron cuenta cuando murieron los peces y luego justifican con una medida de eutanasia.

Con estas acciones, lo que se deja al descubierto es el afán de protagonismo de la administración distrital y falta de experticia, que con excusas irresponsables buscan justificar una serie de medidas que no van acordes con las realidades de la ciudad. Lo más sensato hubiese sido censar los animales y tener un estricto control  para evitar que de allí salieran, pero la solución olímpica en la ciudad del caos fue el sacrificio.