Alta Consejería de El Bogotazo

Categoría: Alta Consejería

 

Foto: quo.es                                                

 

Un personaje desconocido para mí pero muy leído en Twitter escribió “Hipócritas: os llenáis la boca hablando de la corrupción de políticos y duques, pero hacéis lo mismo que ellos, a vuestra mísera escala.” (@CondeDeLaFere). Cuando leí eso no pude sentirme más que complacida y agradecida. En un tweet este señor logró argumentar uno de los grandes problemas de este país: La doble moral. Y es que muchos se precian de ser ciudadanos responsables, líderes políticos y marchantes incansables. Gritan enardecidos su lucha por el pueblo, por los secuestrados, por los menos favorecidos y en contra de los políticos corruptos. Pero en su intimidad no son menos corruptos y tramposos que aquellos a quienes juzgan.

 

 

Un colombiano cualquiera se sienta frente al televisor y observa con rabia la forma en que los Nule robaron a Bogotá. O se percata con asombro de las declaraciones del Presidente del Congreso y su clamor público por no tener dinero para la gasolina. Y se indigna. Entonces el colombiano indignado sale a marchar con actores y libretistas. Y lleva billetes didácticos y se plantonea en la Plaza de Bolívar a gritar ¡Corruptos! ¡Corruptos! Después se toma fotos con Gustavo Bolívar, con Gregorio Pernía y el resto de indignados.

 

En fin, el colombiano gritó contra la corrupción, la trampa y la deshonestidad de los padres de la patria, se tomó las correspondientes fotos y acto seguido las subió a Facebook para que todos aprecien y admiren su responsable accionar como ciudadano honesto y preocupado por el país. Al otro día se levanta tarde y con la premura del tiempo recuerda la vuelta que tiene que hacer en el banco. Sale corriendo de casa y como va atrasado busca la forma de adentrarse en la horizontal fila del TransMilenio para lograr coger puesto. Claro, si hay que pasarse por encima de los otros para lograr el objetivo lo hace. Llega agitado al banco y se encuentra con una larga y al parecer interminable fila. No puede llegar tarde al trabajo. Así que se hace el “loco” y busca la forma de colarse en la fila y de paso irrespetar el tiempo de quienes han esperado con paciencia. Pero como no fue tan simple colarse en la fila, busca desesperado un amigo, un conocido, un indignado que ya esté llegando a la caja y quiera pagarle el recibo. Y ahí está. Uno de los compañeros de lucha que marchó con él en días anteriores lo reconoce y le “hace el favor” de pagarle el recibo. Y el colombiano indignado sale feliz del banco por contar con suerte y haber agilizado la vuelta. Y los otros colombianos que sí madrugaron y se aguantaron 1 hora haciendo fila tuvieron que tolerar al “colado”. Pero eso sí, el indignado ciudadano de nuestra historia se jacta de ser una víctima de la trampa y la corrupción de sus dirigentes, y olvida que colarse en una fila ES CORRUPCIÓN, ES TRAMPA. A una mínima escala, claro, pero al final trampa.

 

Y así es que funcionamos en este país. Nos dedicamos a insultar a nuestros dirigentes, a los congresistas, a los ministros y no hacemos algo distinto a ellos. La única diferencia es que los primeros engañan a todo un país y no se destetan del erario. Y nosotros los ciudadanos, buscamos la mejor forma de escabullirnos de la ley y el civismo. Como ciudadana he cometido errores.Pero reacciono y pienso como Politóloga en formación y me avergüenzo. Y debo decir que he aprendido a comportarme. Por eso cuando me quejo de los corruptos lo hago con la plena tranquilidad de no saberme una más de ellos.

 

Y en definitiva creo que deben quedarnos dos lecciones de esto: Una: No nos vanagloriemos de infalibles e intachables personas si olvidamos actuar de forma transparente en nuestro diario vivir. Dos: La única forma de exigir a nuestros dirigentes un mínimo de respeto por el pueblo que les da de comer, por los que pagan impuestos y por quienes trabajan para salir adelante es comportarnos decentemente. ¡Educación! Eso es lo que necesita esta aporreada patria.

 

Y finalizo con una anécdota: A mi hermano de 12 años he tratado de enseñarle la importancia de saber ser ciudadano. He tratado de enseñarle a no ser  tramposo.Y me siento orgullosa porque hace unos días me demostró que algo le ha quedado. Fuimos de vacaciones y decidimos visitar uno de esos parques acuáticos gigantes. Estábamos esperando para entrar a un tobogán y un personaje (debo agregar que era calvo) quiso pasarse de listo con él y colarse en la fila. Mi hermano, con voz fuerte y decidida le dijo: “Oiga señor, respete el tiempo y el esfuerzo que muchos hacemos al aguantarnos esta fila. Ser calvo no le da privilegios”.