Alta Consejería de El Bogotazo

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Del 22 al 25 de febrero se realizó en Bogotá el Congreso Nacional de Música que pretendía dar participación a los diferentes actores de la industria musical y que buscaba básicamente brindar un espacio de encuentro y discusión así como también otorgar información sobre la manera en que se ha venido manejando el sistema del negocio de la música en Colombia. Esto hace parte de una iniciativa del Ministerio de Cultura apoyándose en el sector privado ya que en este ámbito es donde más se mueve el negocio. Esto se enmarca dentro del Plan nacional de desarrollo, específicamente dentro del Plan Nacional de Música para la Convivencia pero apuntando a crear un Plan Nacional de Música en general.

La iniciativa busca la construcción del sector cultural como una prioridad social así como la salud o la educación. Se pretende hacer de éste, un sector competitivo, autosostenible apoyándose en las redes semi-privadas que han logrado procesos de autogestión. Se tocaron en los cuatro días temas importantes para la industria. Por ejemplo el día dedicado al tema de los artistas independientes, se habló sobre la “payola”, un tema importante que nos afecta a todos los que queremos que nos programen nuestras canciones en la radio y que no pertenecemos a una de las multinacionales de la industria discográfica. Sin embargo el panel mostraba perfectamente cómo, a veces, el romanticismo que algunos profesamos por la música es utilizado para el beneficio de pocos que por lo general no son multinacionales, ni siquiera músicos, pero sí unos verdaderos artistas en el manejo del capital y el lucro injusto, managers, representantes, promotores, dueños de emisoras. Se les olvida a ellos y a los músicos que sin músicos no hay negocio.

 

La “payola” es la plata que se paga a los programadores de la radio para que suenen alguna o algunas canciones en particular. Eso es lo que le da ventaja a las producciones de las grandes compañías disqueras, disminuyéndose así los ya bajos niveles de democratización en el acceso a los medios y a la expresión musical o cultural en general. Se habló de radios públicas, cuando al mismo tiempo el Ministerio tiene políticas claras sobre sólo permitirle emisoras a quienes puedan otorgar “buena calidad” o a “empresas sólidas”, cuando saca decretos que hacen aún más difícil para cualquier persona montar una emisora y cuando se hace parte de un proyecto de gobierno que sigue privatizando todo incluso emisoras. Se habló sobre penalizarla, sobre legalizarla, pero todo depende realmente de cómo se haga y si existe o no esa voluntad y esa ética que busca la democracia en el acceso a los medios de comunicación y expresión.

El problema es que al sistema cultural, político y social colombiano, le corresponde un sistema de música como el que tenemos. Queremos radios públicas para que tengamos acceso a los medios de comunicación cuando ni siquiera hay hospitales públicos para tener un acceso democrático a la salud. Bueno, otro tema fue el difícil y delicado tema de Sayco el día que la Revista Semana hizo, el último día del Congreso, un foro sobre derecho de autor al que ni siquiera se invitó a Fernando Zapata el Director Nacional de Derecho de Autor. Ni siquiera para que le rendiera cuentas a los artistas así como le tocó al presidente de Sayco Alberto Urrego quien realmente no logró defenderse con dignidad frente a los justos ataques iracundos de quienes se han visto no sólo afectados por Sayco sino también explotados, mal tratados y hasta robados. Ese foro, cuyo acceso era aún más restringido que todos los otros temas del mismo Congreso. Sin embargo fue, a pesar de las restricciones, toda una saludable batalla campal. El problema es que Sayco cobra una gran cantidad de dinero en nombre de los artistas colombianos que en algunos casos no ven un solo peso por las gigantes regalías que obtiene esa sociedad de gestión colectiva cuyas normas solo benefician a los directivos y a las grandes casas editoriales que son las únicas con voz y voto en las decisiones administrativas de aquella corrupta entidad.

En fin, lo que hay que tener en cuenta es que si se va a considerar a la cultura como un mercado no podemos utilizar el mercado como la cultura. Es decir, para poder ver la cultura como autosostenible y como un sector productivo podemos caer en el error de poner la cultura al servicio del mercado y no al revés que sería lo ideal: El mercado al servicio de la cultura para que se pueda sostener y pueda trabajar independiente sin depender de ningún mecenas corporativo y vampiresco.  

La iniciativa de hacer de la música y de la cultura un sector competitivo, autosostenible y rentable puede ser tan peligroso como querer que la salud siga siendo un negocio ya que se puede caer en un detrimento de la calidad de las expresiones artísticas y culturales en general.
La música como una empresa puede ser un peligro para algo con tanto impacto en la cultura, teniendo en cuenta la cultura de codicia en la que estamos inmersos, podríamos terminar tristemente con una ley 100 para la cultura así como la hay para nuestro desafortunado sector de la salud.