Alta Consejería de El Bogotazo

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A pesar de ser uno de los manifiestos oponentes a la política hegemónica de los Estados Unidos, el Presidente Chávez esta desarrollando una de las estrategias norteamericanas para alcanzar sus propios intereses en la región. Profundizando y ampliando los lazos de cooperación internacional entre los países, reafirmando su presencia en diferentes escenarios a través de ayudas a desastres naturales y de concesiones unilaterales inesperadas, Chávez intenta alcanzar la aceptación,  reconocimiento y respaldo de la comunidad internacional. Para algunos es cuestión de solidaridad y filantropía con los pueblos hermanos; para otros es el desarrollo de una estrategia  de “poder blando”, como mecanismo para contrarrestar cualquier amenaza interna o externa a su liderazgo como gestor de la Revolución Bolivariana, insignia del nuevo socialismo del siglo XXI en America Latina.
El “poder blando” (soft power en el idioma inglés) es un concepto acuñado y desarrollado por  el politólogo norteamericano Joseph Nye, que sugiere una propuesta para lograr la perpetuación de la hegemonía norteamericana a través de la capacidad de atraer y convencer, más que coaccionar mediante la fuerza militar y presión económica, que constituyen estrategias de poder duro (hard power).

Nye reconoce que el poder blando ayudó a Estados Unidos a desarrollar sus prioridades internacionales sin levantar suspicacias ni resentimiento. El éxito del poder blando depende en gran parte de la reputación y reconocimiento que un actor político ha logrado dentro de la comunidad internacional, gracias a la  imposición sutil de sus valores y aceptación social, lo que le legitima y otorga prestigio.

Algunos argumentan que Estados Unidos ha desarrollado esta estrategia en América Latina desde los años ochenta con el Proyecto Democracia, una iniciativa que buscó establecer un nuevo orden regional como sustituto a las dictaduras, basado en la democracia, el pacifismo y los derechos humanos. Así con la desaparición de la URSS y de la Guerra Fría este proyecto reemplazó los eslóganes anticomunistas por la lucha contra las drogas, el terrorismo y el crimen organizado como justificación a la injerencia e intervención del país  en Latinoamérica.  

Estados Unidos ha venido transformado su táctica diplomática, aun más tomando como referencia su trágica intervención en Irak. Por ello ha propiciado espacios de cooperación, conformados por distintos actores políticos, con el fin de disuadir asuntos de actividad nuclear y terrorismo en países que le significan una amenaza.

Nye confirma que la estrategia estadounidense en Irak, basada sólo en el poder militar, minó los apoyos a la lucha antiterrorista. Con ello reafirma la importancia que para los Estados Unidos tomará el “poder blando” a la hora de enfrentar problemas trasnacionales,   teniendo en cuenta que su mismo carácter global hace necesaria la disposición de otros países para cooperar en la solución de problemas; y a su vez,  esa disposición depende de los intereses particulares de los países involucrados, pero también de lo atractiva que sea la posición estadounidense. Para lograrlo es preciso desarrollar la capacidad de atraer y convencer, lo que significa: “que los otros quieren lo que Estados Unidos quiere”.   

En esta misma lógica parece estar jugando el presidente venezolano Hugo Chávez. Si bien desde un comienzo fueron claros sus intereses de promover y liderar una integración latinoamericana, luego del golpe de estado fraguado en su contra con apoyo logístico de Estados Unidos, se ha visto dinamizada significativamente su cooperación y asistencialismo hacia países de la región, de Asia, de África e incluso hacia el mismo Estados Unidos.

Dentro de la cooperación que Venezuela realiza –en ocasiones como alternativa a las ayudas y negociaciones que adelanta Estados Unidos-, se pueden destacar iniciativas como la Alternativa Bolivariana para America Latina y el Caribe -ALBA-, el Banco del Sur, la proliferación de Fondos Binacionales, la cooperación en materia de hidrocarburos con representativos subsidios para su valiosa lista de clientes y fuertes apoyos bilaterales con Argentina, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Irán, Rusia y China, dentro de los que han sido noticia la compra de la deuda externa de argentina por 1 millardo de dólares y de la deuda ecuatoriana por 25 millones de dólares.

Otro de varios asuntos destacados se vio en el acuerdo de cooperación bilateral firmado con Bolivia. Mediante éste Venezuela otorgó 5.000 becas para que ciudadanos bolivianos pudieran participar en el territorio venezolano de programas de investigación, de cursos y  posgrados y de intercambios en experiencias de programas exitosos equitativos en acceso a medicamentos y tecnologías. Sin duda constituye un valioso apoyo, que podría en contrapartida plantar semilleros ideológicos de la línea revolucionaria de Chávez.
     
Adicionalmente, Venezuela ha desempeñado un importante liderazgo en la reanimación y en la toma de decisiones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo -OPEP- y fue artífice, hoy promotor de la Unión de Naciones Suramericanas -UNASUR-.

Las acciones y mensajes del presidente venezolano van dirigidos a un público más amplio que el de sus propios electores, arguyendo que sus valores responden a los intereses y problemas que afronta America Latina y el mundo, debido a las asimetrías del mercado capitalista y del imperio del neoliberalismo, liderados por Estados Unidos.   

El presidente venezolano ha manifestado que en el socialismo del siglo XXI, los sinónimos del nuevo modelo socioeconómico son rapidez, eficiencia y justicia. Esta quizás es la razón que explica su diligencia entre la promulgación del mencionado ideario y sus gestiones y ayudas internacionales.

Toda esta estrategia contenida a manera general en las Líneas Generales de los planes de Desarrollo Económicos y Sociales de la Nación 2001-2007 y 2007- 2013, constituyen una vía de poder sutil para persuadir a la comunidad internacional con un rostro amable y conciliador en busca de apoyo y protección al liderazgo del Presidente Chávez y sus intereses de Revolución Bolivariana en América Latina. Su objetivo al estilo americano: convencer que “otros quieren lo que Venezuela quiere”.      

Ana María Rivero Bernal
Politóloga