Alta Consejería de El Bogotazo

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El nombramiento de Edgar Perea como nuevo embajador de Colombia en Suráfrica, es un indicador más de que la política exterior colombiana aún no tiene un perfil definido. A diferencia de otros paises, como por ejemplo México que tiene como vecino a Estados Unidos, si incluyen en sus estrategias a largo plazo a la diplomacia como instrumento de inserción y fortalecimiento del Estado, tanto en el orden doméstico como evidentemente en el internacional.

Históricamente Colombia ha sido un país provincial. Desde la época de la colonia, pasando por la independencia e incluso hasta nuestros días, la población colombiana y sus gobernantes no han querido o no han podido, por distintos motivos, ver más allá de sus fronteras con proactividad. Pese a ello, el país cuenta con la Academia Diplomática de San Carlos, que es en teoría el organismo encargado de formar a ese grupo de personas que llevarán la política exterior colombiana a distintos países.

Esa es la teoría, pero en la práctica no podemos explicar por qué cada vez que se conforma una misión diplomática se hace recurrente el nombramiento de personas que no han tenido ningún tipo de formación al respecto. Ello porque el servicio diplomático se ha convertido en un establecimiento, sea para alejar enemigos opositores o pagar favores políticos. 

No cabe en la cabeza el nombramiento de Edgar Perea por ningún lado. En dónde quedan los valores difundidos por el Presidente como la meritocracia? Existen facultades de Relaciones Internacionales, de Ciencia Política, de Economía, de Derecho con egresados excelentes que manejan más de dos idiomas y tienen una estructura de pensamiento mucho más sólida que pueden comprender el funcionamiento del mundo. Pero esto no tiene presentación de ningún tipo.

El embajador es la persona que representa la política, la visión y los objetivos de un país en otro Estado. Pero con este tipo de actos lo que se exporta es un sentido de corrupción e ineficiencia en los más altos rangos. Colombia no ha podido tener una política exterior bien delineada, ni la tendrá mientras no se fijen metas a largo, mediano y corto plazo que concuerden con unos objetivos internos y que redunden en los distintos escenarios internacionales. Este es un llamado de atención, sobre todo al Presidente Uribe, que con este tipo de actos deja muy entredicho los valores que predica a los cuatro vientos.