Alta Consejería de El Bogotazo

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Debo aclarar, antes de que me crucifiquen, que no me duele la muerte del Mono Jojoy. Al contrario, si acabaran con las FARC de una vez por todas, por fin, no quedaría la menor duda de que esa organización guerrillera no es la causa de los problemas fundamentales en Colombia sino simplemente una consecuencia de las condiciones en las que se ha desarrollado nuestra historia sociocultural y socioeconómica. Mal han hecho las FARC y no es mi intención negarlo, pero hay otras cosas peores en el país.

 

El Mono Jojoy no le hizo al país más daño del que le han hecho a la sociedad, a la economía y a la cultura colombiana algunos grandes empresarios nacionales e internacionales, los medios de comunicación, algunos políticos, contratistas, militares, paras, el DAS o los grandes tenedores de la tierra. La muerte del Mono Jojoy muestra la construcción de un perfil, una representación ideologizada y comprometida que, como cualquier otra representación positiva o negativa, es irrelevante mientras no se reconozca por quién, para qué y por qué se construye tal representación.

 

En los medios lo pintan como la persona más arrogante y sanguinaria del país, tal y como hicieron con Pablo Escobar en su momento. Esto pasa porque da vergüenza la verdad. Es comprensible ya que la verdad consiste en que, a pesar de que tanto Pablo Escobar como el Mono Jojoy fueron asesinos malvados, no lo fueron más que sus enemigos.

 

Nunca superaron en maldad o número de muertes a otros que son aplaudidos por las masas. Si vemos con detenimiento nos daríamos cuenta del morbo de las audiencias informativas alrededor de cualquier muerte violenta. Veríamos la crueldad de las personas en la sociedad de hoy, sea en la calle, sea en las oficinas o en los hogares. Se podría decir que para encontrar al culpable de toda esta pesadilla, deberíamos ir al espejo para encontrarlo. Pero no vayamos aún tan lejos.

 

Podemos asegurar eso sí que el Mono Jojoy no es más sanguinario u orgulloso que cualquier otro militar o paramilitar. Esto es un hecho, una realidad innegable. ¿Por qué no se hizo fiesta con los apresamientos de los paramilitares o con la sospechosa muerte de Carlos Castaño?

 

Porque en esta ignorancia y desorientación, el Estado colombiano a través de los medios de comunicación masivos, tienen el poder de decidir a quién se llora o con qué muerte debemos sentir alegría. El odio a las FARC sigue siendo el sofisma de distracción para que la opinión pública olvide que las causas de esta miserable guerra, son las mismas causas de nuestro atraso y desigualdad cultural, política y económica.

 

Son las mismas causas por las que uno se muere al frente de un hospital si no hay seguro o si éste no se ha pagado. Son las mismas causas por las cuales la Policarpa y otros criollos se rebelaron contra la injusticia de los españoles. Si no me creen miren la novela de RCN. No ha cambiado mucho la situación socioeconómica desde ese entonces, ni siquiera las familias en el poder.

 

Una muestra de esto son los noticieros diciendo que con la muerte del Mono Jojoy “el país respira más tranquilo”. ¿Será esto cierto? ¿Y la Comuna13 y la salud qué por ejemplo? La muerte de Jojoy en nada mejora los problemas fundamentales del colombiano, ni siquiera ayuda para la suerte de los secuestrados.

 

Entonces ¿Por qué sentir tranquilidad? Cuando expulsaron los españoles de esta tierra a través del proceso de independencia, los criollos, indios, negros y mestizos se encontraron, frente a sí mismos, con sus propias ignorancias, con sus propias jerarquías y sus propias desigualdades, las cuales terminaron reemplazando las estructuras coloniales españolas por otras igual de jerárquicas e injustas. Esto sucedió hasta el día de hoy y lo fundamental, las relaciones sociales y las relaciones de poder, nunca mejoraron. Sobre todo hoy, que se ha logrado neutralizar cualquier posibilidad de diseñar y articular un pensamiento político progresista en el país.