Alta Consejería de El Bogotazo

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Charles Dickens al describir la infausta tensión que desgarra la ciudad de la era industrial relata lo siguiente:

 

"Era la mejor de todas las épocas, era el peor de todos los tiempos, era el siglo de la sabiduría, era el siglo de la estupidez, era la época de la fe, era la época de la incredulidad, era la estación de la Luz, era la estación de las Tinieblas, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación, lo teníamos todo ante nosotros, no teníamos nada ante nosotros, íbamos derecho al cielo, íbamos exactamente en la dirección opuesta…"

 

Hoy, estas palabras parecen cobrar más vigencia que nunca, cuando nuestra ciudad cambia tan velozmente. Infierno y paraíso están aquí, pueden leerse en un sin fin de leyendas existentes en las calles y fachadas de Bogotá.

 

Lo urbano tiene muchas facetas y por ello es difícil su caracterización y definición. Hacer ciudad depende por lo general de un diálogo entre espacio y demografía. Al respecto creo que estamos culturalmente programados para entender la ciudad en primer lugar como una estructura física dentro de la que se desarrollan las relaciones humanas. Sólo en segundo lugar entendemos la ciudad como el propio sistema de relaciones humanas que crea tanto estructuras sociales como físicas. Estructura física y vida humana son dos aspectos que siempre han ido unidos a nuestra manera de entender la ciudad, pero la relación entre esas dos formas de entender y la prioridad entre los dos aspectos varía con el tiempo y con la situación.

 

Cuando los atenienses decían polis se referían primordialmente a la comunidad humana y sólo en segundo lugar a la estructura o entorno físico. Los romanos por su parte usaban la palabra civitas casi exclusivamente en la acepción humana. En el siglo VI, al hacer una exposición sobre el origen de las palabras, San Isidoro de Sevilla escribía en sus Etimologías lo siguiente:

 

"Civitas es una muchedumbre de personas unidas por vínculos de sociedad, y recibe ese nombre por sus ciudadanos (cives), es decir, por los habitantes mismos de la urbe. Con el nombre de urbe (urbs) se designa la fábrica material de la ciudad, en tanto que civitas hace referencia, no a sus piedras, sino a sus habitantes."

 

Estas dos concepciones se diferencian pues no por su contenido conceptual, sino por la relación entre los elementos que lo integran y la perspectiva desde la que son considerados. Esta diferencia es, no obstante, de tanta importancia que constituye una línea divisoria entre dos formas culturales. Ambas incluyen la vida en común de los seres humanos y ambas pueden en principio presuponer formas democráticas de actuación, pero mientras la una piensa la ciudad como una estructura física, como un escenario terminado que da aforo a una vida urbana democrática y a una política local, concibe la otra la ciudad como un complejo de actuaciones democráticamente inspiradas, consistiendo una de las más importantes de ellas en la planificación y la construcción de la estructura física de la ciudad y en el establecimiento de las instituciones democráticas que tienen por misión la reproducción de las formas básicas de vida.

 

Tenemos necesidad de pensar e imaginar la ciudad en su conjunto, de manera integrada, teniendo en cuenta todas las dimensiones que hay en la ciudad y a las que hemos aludido, es decir su carácter de urbs, de civitas, de polis. Eso es lo que falta, urbanización, ciudadanía y política. La construcción de una ciudad mejor no es sólo urbanismo (la construcción de un entorno habitable), es también civismo (espacios públicos, educación y solidaridad...) y política (igualdad, democracia, participación y control público).

 

No ha de olvidarse nunca que la ciudad y el territorio se planifican para los habitantes, que el continente se ha de organizar para el contenido, para que los ciudadanos vivan mejor.  Es un procedimiento para racionalizar la ocupación del territorio y la organización de la ciudad.

 

Por ejemplo, Si la población sigue creciendo al ritmo que lo está haciendo actualmente, en 30 años Bogotá tendrá 14 millones de habitantes, casi el doble de los que tiene hoy en día. Un incremento en la población que podría sumergir a la ciudad en el caos si no se hace una planificación urbana adecuada, y no se empiezan a asegurar desde ya las fuentes de abastecimiento de servicios, alimentos, energía y agua podríamos enfrentarnos al peor de los mundos.

 

La ciudad puede resistir y sobrevivir. Resistir a los corruptos o a los incompetentes. Pero para ello es preciso que actúe la política en el sentido amplio de este término, que el ordenamiento jurídico democrático, la normativa urbanística y los órganos de gestión defiendan el interés público. Pero también hace falta el compromiso social y la acción decidida por parte de los residentes, de los ciudadanos. Si este compromiso, la solidaridad y la idea de convivencia no existen, difícilmente sobrevivirá.

 

Finalmente, Borges dejó una parábola perfecta sobre la forma en que la ciudad edifica a sus habitantes. En Historia del guerrero y de la cautiva narra el drama de Droctulft, un bárbaro que llega a destruir Ravena en una época incierta, escribe Borges:

 

"Si al promediar el siglo VI, cuando los longobardos desolaron las llanuras de Italia; si en el VIII, antes de la rendición de Ravena. Durante varios siglos el mensaje simbólico de la ciudad se mantuvo estable. Droctulft forma parte de una horda que solo conoce las estepas y los pantanos sin fin. Antes de la batalla decide recorrer el sitio que ha llegado a destruir. Contempla escalinatas, plazas, balaustradas, torres, arcos, balcones, terrazas, piedras que responden a un propósito que desconoce pero que sin duda lo excede. La ciudad se extiende en un discurso indescifrable para su burdo intelecto, pero claramente superior. Entre esas calles, el advenedizo se siente disminuido, como un perro o un niño indefenso, y comienza, secretamente, a admirarlas. Droctulft se sabe incapaz de destruir Ravena, cambia de bando y muere en defensa de ese sitio."

 

Borges comenta que no se trata de un traidor sino de un converso, un guerrero civilizado por el entorno y ese entorno se debe entender en su triple dimensión de urbs, de civitas y de polis.