Alta Consejería de El Bogotazo

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Sin importar la hora o el día de la semana, sin que medie la medida del pico y placa, Bogotá está estancada. Pero el atasco no es nuevo, lleva años de añejamiento, de hecho lustros enteros. A nadie se le ocurrió pensar que la ciudad iba a crecer, que se iba a desbordar tragándose todo a su alrededor, que iba a necesitar grandes avenidas o suficientes calles. Tampoco nadie pensó en la posibilidad de crear un sistema de transporte público que facilitara la movilidad por la ciudad. Dos ejemplos, de muchos que se multiplican por doquier:

La 80
La calle 80 a la altura de la Ciudadela Colsubsidio. No conozco la historia de esta obra vial, pero el caso es que es una obra absurda. La improvisación que tanto caracteriza el espíritu de nuestros gobernantes, decide hacer una glorieta inmensa para que los enormes Alimentadores de Transmilenio puedan girar cuando terminan sus recorridos por los barrios adyacentes y regresar al Portal. Pero se les olvida generar más espacio vial para los cientos de buses de colegio, busetas de transporte municipal, tractomulas, camiones, volquetas y carros particulares que a diario utilizan esa vía para salir de la ciudad.

Tampoco se les ocurrió, que así como ha venido ocurriendo desde la fundación de la ciudad, ésta se iba a expandir. No previeron que la zona que atraviesa esta autopista se iba a convertir, con el paso de los años, en una zona industrial o residencial, por lo tanto no hicieron una autopista, sino una carretera vecinal.

Cada día, desde las 6:30 am hasta bien entrada la mañana se forman unos enormes atascos de tráfico en esta salida de la ciudad. Es decir, entre el Portal de Transmilenio y el Puente de Caña que da fin a la ciudad, una persona en promedio se puede demorar, en hora pico, hasta 45 minutos. El atasco se debe a varios factores que a continuación enumero:

1) En este punto desemboca una avenida que proviene de Suba, con el agravante de que en el cruce no hay semáforo. Por lo tanto, prima la ley del más fuerte o la lógica del policía de tránsito (ambas opciones igual de ambiguas).

2) El número de vehículos pesados y de transporte público se ha incrementado notablemente en el último año y medio, debido a la construcción de múltiples parques industriales sobre la autopista, es decir, no hay vía para tantos vehículos.

3) La imprudencia y el vicio de no seguir las normas hace que los conductores de carros avancen por el carril destinado a los Alimentadores, hasta que llegan a la última salida antes del Puente de Caña. Una vez que llegan a este punto tienen, si es que quieren salir de Bogotá, que incorporarse al carril de salida, que solo tiene, en esta altura, dos carriles. Entonces, a los mil carros que ya van colmando los dos carriles, comienzan a sumarse los otros doscientos que tienen que entrar como sea.

4) Por el afán de meterse a la brava y los otros por no dejarlos (porque aquí somos incapaces de ceder el paso) llegan los golpes y se va la poca movilidad al carajo.

5) Los ilustres miembros del gremio de las busetas municipales, que recogen pasajeros, aunque ya no les quepa una aguja en la buseta, justo debajo del Puente de Caña.

6) Los ilustres miembros del gremio de los camioneros, que se van por el carril de velocidad, aunque, por su peso, no pueden ir a más de 40.

7) Los usuarios de las busetas municipales que deciden estirar la mano y subirse en los lugares menos aptos para esto.

La Autopista Norte
El segundo ejemplo al que me quiero referir es la Autopista Norte. A esta obra vial, las administraciones de Bogotá le han invertido miles y miles de millones de pesos en reparaciones y ampliaciones y sin embargo es un monumento al atasco. De la 170 hasta el peaje todo es baches, huecos y desniveles.

Desde hace más de un año están, supuestamente arreglándola, pero nada que terminan (raro). Así mismo, está muy mal señalizada, así que cada uno sale por su lado y hace su mejor esfuerzo por avanzar, sin brújula, por una vía plagada por la irresponsabilidad y matonería de los ilustres miembros del gremio de los “transportistas” cuya única función, parece ser, la de poner en peligro el bienestar de los demás y obstaculizar la movilidad.

En conclusión, tomar la autonorte es una prueba de paciencia y de resistencia para el carro. Esta es, posiblemente, la peor autopista del mundo. He mencionado al gremio de los transportadores, un gremio, que en mi opinión es nefasto para la ciudad. La falta de carácter y de una normativa estricta en materia de transito por parte del gobierno de la ciudad, a través de su historia, así como su poder de corrupción y de manipulación política han hecho que los ciudadanos de Bogotá vivamos bajo el régimen de estos criminales en potencia.

Los dueños de las grandes cooperativas de taxis, buses, busetas y colectivos no son más que unos viles y codiciosos explotadores de la ignorancia y pobreza de sus empleados, a quienes someten a unas condiciones laborales precarias, las cuales los llevan a cometer toda clase de atropellos y violaciones a las normas de tránsito, con tal de cumplir con las ganancias exigidas diariamente.

Esta guerra del centavo ha generado miles de accidentes, heridos y muertos a lo largo de los años, sin que nadie se responsabilice por ello. Así mismo, estos tiranos son los causantes del atraso, en materia de transporte público, de esta ciudad. Pues siempre se han interpuesto al progreso mezquinamente, con tan de seguirse llenando el bolsillo con la necesidad ajena y sin ofrecer nada a cambio que sea de beneficio para los habitantes de Bogotá.

Por otro lado, los vehículos antes mencionados no hacen más que envenenar la ciudad con sus humos maléficos, generan estancamientos de tráfico por todas partes, son trampas mortales para sus pasajeros y su falta de higiene, los hace nidos de infecciones. La gran mayoría de los conductores de estos vehículos públicos, no tienen el más mínimo compromiso en materia de seguridad con sus pasajeros. Por lo general exceden los límites de velocidad y no respetan las normas de transito.

Así mismo, tienden a estafar a los clientes, como los taxistas, que toman las rutas más largas, alteran los taxímetros, etc. Creen que por tener radioteléfono están por encima de la ley, que pueden, dado el caso, tomarse la justicia en sus manos. De tal manera, que si una persona se sube a un taxi y llega a tener una discusión, puede terminar siendo linchada, si al conductor se le ocurre llamar por el radioteléfono.

Ni hablar de los conductores de busetas, colectivos o buses. Recogen pasajeros donde les viene en gana, puede ser en la mitad de la vía, si se presenta la oportunidad, atiborran sus vehículos hasta más no poder, van a toda velocidad y cuando se les da la gana cambian de ruta, no respetan los paraderos, etc.

La ciudad no da más, la permanente agresión por parte de los fenómenos aquí descritos, junto con otros que mencionaré en artículos futuros, hace que los ciudadanos seamos más agresivos, menos tolerantes. Si no se aplican medidas y reformas profundas al manejo de la ciudad, la situación va a decaer cada día más. No bastan las campañas mediáticas, está claro que no permean la gruesa capa de indolencia, ignorancia y egoísmo de los gremios mencionados, necesitamos soluciones, necesitamos normas rigurosas, castigos contundentes; infraestructura, proyección y sobre todo liderazgo.