Alta Consejería de El Bogotazo

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El pasado 20 de Junio se llevó a cabo algo que llamaría ‘Crónica de una muerte anunciada’ ¿Qué murió? No me quiero atrever a decirlo tan temprano, aunque creo que muchos ya lo sabemos. En cuatro años –ojalá no ocho- nos daremos cuenta que tipo de país recogemos: primero cuando se haga el balance del gobierno del ahora electo presidente Juan Manuel Santos, y segundo cuando sean las elecciones otra vez y el ganador represente lo que hemos venido viviendo estos ocho años, en ese entonces doce, o si los colombianos finalmente, elegimos el cambio.

 

En las pasadas elecciones el protagonista fue el abstencionismo con un 55.59%. Los pertenecientes a este porcentaje tendrán que someterse, más que cualquiera, al gobierno que viene, pues el que no vota, así como no tuvo voto, tampoco tendrá voz ¿Por qué esta cifra tan alta? El abstencionismo siempre ha sido grande, pues siempre hay un porcentaje de personas, que sin importar las circunstancias, se consideran apolíticas y creen que levantarse un domingo a votar es botar su tiempo, pues quede el que quede el país siempre estará mal. Sin embargo hay muchas razones extra que pueden explicar, por lo menos, el aumento del número de personas que no votaron en la segunda vuelta, pero que si lo hicieron en la primera.

 

Una posible hipótesis, es que después de los resultados de la primera vuelta electoral, donde el candidato de la U dobló al candidato Verde, a muchos santistas –triste, pero cierto- les entró un sentimiento de triunfo. Al ver que la ventaja sobre el directo contrincante era tan amplia dieron las elecciones por ganadas y la segunda vuelta se vio convertida en una simple formalidad, formalidad que le costó millones al país. Debido a este triunfalismo, probablemente, muchos seguidores de Santos, claramente no los necesarios, no salieron a votar.

 

Sin embargo, a raíz de los mismos resultados de la primera vuelta, a los verdes les entró el sentimiento contrario: habían perdido, y la derrota se veía encarnada en las cifras. El derrotismo en este caso hizo que muchos verdes bajaran los brazos, pensaron –tal vez acertadamente- que la lucha contra las mafias, la corrupción y también la ignorancia estaba perdida. Muchos, verdes de la rabia, no salieron a votar tampoco, a pesar de que su candidato en repetidas ocasiones dijo que nada estaba perdido, y que en la segunda vuelta los marcadores estaban en ceros.

 

Otro posible factor fue la lluvia constante que se hizo presente durante toda la jornada electoral, lluvia que mas el sentimiento de triunfalismo o derrotismo hizo que muchos se quedaran en sus camas, plácidamente. Muchos de esos que se quedaron seguramente se están arrepintiendo hoy, o se arrepentirán próximamente; pues es más fácil aguantarse el más enfurecido aguacero durante máximo dos horas, que el gobierno que se nos avecina, durante máximo ocho años.

 

Fui jurado de votación, y en mi mesa votaban solo hombres, ¡oh sorpresa! paso lo que nos temíamos. De 335 personas que votaron en la primera vuelta, solo votaron 212. El domingo se jugaron tres partidos: Eslovaquia Vs Paraguay, Italia Vs Nueva Zelanda y tal vez el más esperado, Brasil Vs Costa de Marfil. No sé mucho de fútbol, pero algo que tengo muy claro es que la selección Colombia no clasificó en el mundial de Sudáfrica y por más aficionados a este deporte que fueran muchos, el partido más importante se estaba jugando en las urnas, donde el único jugador era Colombia ¡Donde nos metieron un gol! Gol unos celebran y otros lloran.

 

¿Qué hacer para acabar con el abstencionismo? Una forma es hacer que el voto sea obligatorio, lo que puede ser tomado como autoritario, pero si es obligatorio pagar impuestos –para que se los roben- y para los hombres tener libreta militar o prestar servicio militar –para ir a una guerra que ha servido de excusa a los peores-entonces  ¿Por qué razón no podría ser obligatorio decidir el futuro de MI país? Otra forma, menos radical, sería que se les dieran más beneficios a los votantes;  por ejemplo en algunas universidades se dan descuentos en la matrícula al presentar el certificado electoral, podría pensarse otro tipo de beneficios, más generalizados.

 

Ya el gol nos lo metieron a los que queríamos algo distinto, a los que no queríamos más de lo mismo ¿Qué nos queda? Nos queda vigilar, con lupa, el gobierno que el pueblo eligió, ver que todos sus puntos se cumplan, ser los vigilantes y denunciantes que a Colombia le urgen, porque si algo quedó claro después del domingo es que el país sigue sufriendo de Alzheimer, no tiene memoria ni de corto plazo. Además, nos queda la conciencia limpia, cuando se quejen, cuando aleguen del actual gobierno, cuando vean que no se cumplió, cuando muchos se estén arrepintiendo y lanzando diatribas a diestra y siniestra, nosotros pondremos nuestras cabezas en alto y diremos: “a mí no me mire, yo no vote por Santos”.