Alta Consejería de El Bogotazo

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¿Cómo explicarles a nuestros hijos que su país en alguna época tuvo la oportunidad para cambiar verdaderamente? Una oportunidad en la que la historia no se escribiría más con sangre sino con educación, con valores, con respeto por la vida del otro, y sobre todo, con decencia. Cómo explicarles que se desaprovechó porque la corrupción y el ingenio para romper las leyes fueron más fuertes que el impulso de mucha gente que vio una luz, y que se apagó porque por donde uno miraba estaba contaminado.

Muy complicado decirles que la sociedad en la que se están criando prefiere las salidas fáciles y que la gente no actúa de frente sino que va al sol que más caliente. Quizá lo único bueno que hizo el entonces candidato Juan Manuel Santos fue reunir en un solo bando a todos los sedientos por el poder y los débiles de ética, unos gavilleros que vendieron sus principios por una tajada de pastel. Pocos tuvieron la entereza de reconocer que sí es posible gobernar con un principio general y el bien común, porque la mayoría se unió a la vía fácil y no les importó traicionar sus enclenques ideologías para irse con aquel que se veía iba a ganar con artimañas y juegos sucios.

Lo que sí les podemos explicar, es que en ese entonces alrededor de tres millones y medio de colombianos, y que a mi modo de ver son muchísimos más, sentaron un precedente al manifestar que no estaban de acuerdo con la forma de gobernar y de hacer política, y que precisamente aquel momento fue un hito en la historia que empezó a incidir contundentemente en las mentes de los colombianos, y que si bien no se ganó en aquella época, fue el comienzo del gran cambio.

Sabemos que las generaciones futuras no nos perdonarán el error de haber dado rienda suelta al continuismo y de haber permitido herir de muerte a nuestra democracia. Pero aún más grave, no nos perdonarán, ni espero que lo hagan, si dejamos que ese impulso se pierda para siempre. Verdes, el camino es largo y nada fácil. La segunda fuerza política del país, la fuerza limpia y honesta debe seguir creciendo al sentido de una maquinaria social.