Alta Consejería de El Bogotazo

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Para explicar la relación entre la ética y la política, es fundamental observar el sistema socio-cultural y político en el que gravita cada sociedad. De aquí surge la relación indisoluble entre ética y política tanto para los ciudadanos comunidad política como para sus gobernantes. ¿Cuáles son los criterios éticos que permiten escoger fines y medios? En cuanto a los primeros, desde Aristóteles la civilización occidental ha señalado al bien común como propósito último de la política. Sobre los medios, es claro que no todos son válidos por loable o deseable que sea el fin que se persigue, si se acepta que el ser humano tiene derechos inalienables.

El instrumento fundamental desde antaño para formar a los hombres de gobierno era la ética. En la antigüedad, aquel que quería participar en los asuntos públicos tenía que pasar por esta disciplina la cual era considerada como una rama de la política. Era el filtro para conseguir que los hombres que llegaran a ocupar los cargos públicos obraran bien. En las antiguas civilizaciones se encuentran referencias sobre la formación en valores para los gobernantes antes de que éstos tomaran posesión del cargo. Estas culturas contaban con tratados sobre el tema, con códigos para la función pública y con maestros que los impartían. Las culturas antiguas nos dejaron testimonios muy valiosos en esta materia. Partiendo del siglo XVIII a. c. disponemos de Código de Hammurabi, en Babilonia. De China (siglo V a. c.) nos han llegado Los Cuatro Grandes Libros del sabio Confucio.  De los antiguos griegos (siglo IV a. c.) existen las obras de Ética que escribiera Aristóteles así como Las obras morales de Plutarco. De la India (siglo III a. c.) proceden Los principios del Rey Asoka. De la Roma clásica (siglo I a. c. y siglo I d. c.) contamos con el tratado Sobre los deberes de Cicerón así como Los tratados morales de Séneca. De esta manera, los gobernantes de antaño ejercitaban el arte de gobernar basándose en principios éticos que respaldaban cada una de sus decisiones.

Aristóteles  construye su teoría de la política partiendo del entorno que rodea al hombre. De esta manera estudia primero la naturaleza mineral, posteriormente la vegetal y animal para llegar finalmente a la naturaleza humana. Y sostiene que sólo en la medida en que se conoce la naturaleza del hombre, con sus vicios y virtudes, se puede aspirar a la política. En este sentido escribió: “La política es la más importante de las ciencias y la más arquitectónica. Ella determina lo que cada ciudadano debe aprender y en qué medida debe aprenderlo. (...)  Al utilizar la política en las otras ciencias y al legislar qué es lo que se debe hacer y qué es lo que se debe evitar, el fin que persigue la política puede involucrar los fines de las otras ciencias, hasta el extremo de que su fin es el bien supremo del hombre.”

No obstante la consolidación de estos preceptos en la política y la ética contemporánea es un proceso complejo y difícil. Todas las democracias, en mayor o menor grado, están sufriendo hoy dificultades de consolidación o de regeneración de las instituciones democráticas. Los cambios vertiginosos que están ocurriendo a nivel global, incluyendo cambios estructurales en la economía, profundos avances tecnológicos, transformaciones en la sociedad y la cultura, han contribuido a un clima de crisis y de desaliento con el Estado y las instituciones de gobierno.  No sólo en América Latina sino que en todo el mundo, tanto a nivel de participación y de representación como a nivel de toma de decisiones, hay una crisis de legitimidad democrática.

La crisis de la representación se relaciona al complejo problema de la traducción de la voluntad ciudadana en el seno de la toma de decisiones de la sociedad. En todo el mundo se está trabajando por fortalecer los sistemas electorales para convertirlos en mecanismos más claros de transmisión de la voluntad ciudadana, permitiendo así una representación clara de la pluralidad de opiniones e intereses de la sociedad. Pero la estabilidad de un sistema democrático no se basa exclusivamente en las reglas constitucionales y electorales, en el marco formal de la institucionalidad. La democracia depende de la estructuración de organizaciones en la sociedad civil que canalicen las voluntades individuales y estructuren alternativas de poder y que formalicen las preferencias ciudadanas.

Y es precisamente en este punto donde yace el problema, las personas están dejando en manos de otros la decisión de lo que está bien o está mal, se le está atribuyendo al comportamiento de los mandatarios la dignidad de verdad y guía ética sobre la realidad. Los criterios de decisión están basados fundamentalmente en "lo que a mí me sirve" y en que "ese fin justifica los medios", no es de extrañar que la vida pública pase a ser un lugar más para la búsqueda de los intereses individuales.

No se está juzgando por lo que éticamente es correcto, sino por quién está haciendo algo para determinar el valor ético de esa acción. La ética hace parte de las cosas que no se dicen y su enseñanza, es transmisible no con sermones sino más bien con ejemplo: “la ética no se dice, se muestra”  recuerdo que mi mejor  profesor de ética en el colegio, fue una profesora de Bellas artes; no porque  hablara de lo bueno y lo malo, la razón era que nunca faltaba a clase, se esforzaba por prepararse y ser claro, exigente y  respetuoso con sus discípulos. La ética y la política se han distanciado porque se ha cedido a la sed de poder, pues el fin de hacer política se ha desplazado desde el servicio público a la ambición personal y personalista, en donde el compromiso ético con la verdad ya no existe, la política y la verdad se han divorciado convenientemente para ganar elecciones. Por lo tanto, los políticos deben saber que la política carece de sentido si no va acompañada de la responsabilidad y la moral, esto es, si no va acompañada de un anclaje ético del cual no puede haber alejamiento deliberado.

Ahora bien, el interrogante que se abre es: ¿Cómo puede fundamentarse normativamente una política y cómo puede desarrollarse políticamente una ética?