Alta Consejería de El Bogotazo

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Durante este periodo electoral he visto cosas que me han llamado mucho la atención, tal vez porque en las pasadas elecciones tenía solo quince años, o tal vez porque en esta ocasión nadie tiene nada asegurado, lo que hace que estas elecciones estén para alquilar balcón y que más de uno este con los nervios de punta. La guerra sucia, los jóvenes incluidos al 100% en el panorama político del país, el papel crucial de los medios y las redes sociales, el destape de muchas ollas podridas, J.J Rendón, Santos imitando la voz de Uribe, que un candidato renuncie a 4.500 millones de pesos, son muchas las cosas que han dejado ver estas elecciones, pero principalmente la doble moral de los colombianos.


¿Por qué digo esto? Pues porque a muchos colombianos les parece inconcebible que llegue al poder alguien que mostró las nalgas en un auditorio, alguien que le tiró un vaso de agua en la cara a un candidato presidencial, que se bañó en la fuente del Parque Nacional para pedir disculpas y que se disfrazó de Súper Cívico para hacer de la capital del país una mejor ciudad. Pero da la casualidad que a estas mismas personas no les molestaría que llegara al poder alguien que ha llegado hasta donde está en coche, empujado por su apellido y por el monopolio de los medios del país. Por supuesto, Santos no tiene la culpa de ser Santos, pero ¿de los falsos positivos? Supongamos que al igual que Samper, Santos también sufriera de problemas de espalda y no se enteró de lo que ocurría al interior del Ministerio de Defensa ¿No sería esto acaso más preocupante? Si no fue capaz de vigilar a las Fuerzas Armadas, que son solo 780.000 efectivos, ¿Qué nos hace pensar que va a ser capaz de vigilar un gobierno?

Me preocupa la doble moral del país, pero me preocupa más el que no sea capaz de ver las consecuencias de sus actos, como tampoco fue capaz Santos. No hay que tener un grado de inteligencia muy superior para darse cuenta de que si a un soldado raso que no gana un sueldo muy suculento se le ofrece un premio en pesos por cada guerrillero muerto -perdón dado de baja- que consiga, va a terminar asesinando indigentes y personas de la calle por deporte, de esas a las que nadie extrañaría, tristemente. ¿Dónde quedo Harvard Juan Manuel?

Sin embargo, la doble moral no se hace notar apenas ahora, los colombianos somos flexibles ante ciertos tipos de crímenes y criminales. El primo del actual Presidente del país –a quien respeto y admiro muchos de los logros de sus gobiernos- está preso por supuestos nexos con la parapolítica, y el asesor presidencial, Jose Obdulio Gaviria, es primo del ya fallecido Al Capone colombiano, Pablo Escobar. Por supuesto tanto Jose Obdulio como Álvaro Uribe no son culpables de estar familiarizados con estos personajes, pero ¿Votaríamos por un primo de Raúl Reyes? ¿Nos gustaría que llegara al poder la sobrina de Manuel Marulanda? No verdad, pero tanto a los muertos del Salado, como a la mujer del collar bomba y a las 107 víctimas del avión de Avianca los lloran por igual sus familias, a cada muerto se le ponen flores en su sepultura sin importar porque o por quien murió, entonces ¿Por qué somos más laxos con el narcotráfico y los paramilitares que con la guerrilla?

Todos queremos que el país no vuelva a estar arrodillado ante las FARC como lo estaba hace más o menos diez años, todos queremos que los soldados, los héroes de la patria sigan defendiendo a capa y espada cada milímetro de tierra colombiana, pero ¿Quiere usted que su hijo sea ese héroe de la patria? ¿No preferiría mejor que fuera arquitecto, médico, abogado o ingeniero? Por supuesto, todos queremos una Colombia segura a costa de los soldados que se juegan la vida a diario en las selvas del país, pero nadie quiere que su hijo sea carne de cañón para esa guerra, constantemente se nos olvida que esos soldados tienen madre, padre y a veces esposa e hijos ¿Vuelve y juega la doble moral? Si, en unas palabras un poco mas metafóricas pero explícitas: “a todos nos gustan las salchichas pero no queremos saber cómo se hacen”.

Después de ocho años de un discurso guerrerista –a mi parecer necesario después del gobierno de Pastrana- creemos que para ‘seguir avanzando’ tenemos que seguir mandando a estos hijos de otros a morir en combate. Pero esta solución no significa avance, no significa evolución, solamente nos mantendría inmersos en un círculo vicioso de mueren soldados-mueren guerrilleros-mueren soldados-mueren guerrilleros. No es necesario mantener dicho discurso guerrerista de “militantes de las FARC, no se hagan matar” para poder defender la seguridad del país. Tanto Mockus como Fajardo en sus respectivas alcaldías demostraron que hay unas vías alternas, iguales o más efectivas que la bala. Creando un sistema de comunicación entre las comunas y el resto de Medellín el ex alcalde logró disminuir la violencia en la zona más deprimida y peligrosa de esta ciudad, y apunta de cultura ciudadana, presión social y mayor eficiencia de operativos de los policías, Antanas logró que las tasas de homicidio en Bogotá bajaran de 67 a 24 muertes violentas por cada cien mil habitantes.

¿Por qué pienso que la política actual de la Seguridad Democrática por si sola nos mantendría en un sangriento e ineficiente círculo vicioso? Pues bien, aunque no tengo nada que ver con la política ni me interesa hacerlo, pienso que hay que ver las problemáticas del país de una forma más amplia. Si algo me ha enseñado mi carrera de Periodismo es que si no se tienen en cuenta los contextos se recae en una falacia, por bueno e infalible que pueda ser el argumento. Veamos a Colombia como un paciente cuya enfermedad es la inequidad social y la falta de oportunidades, el virus de dicha enfermedad es la falta de educación y cultura de muchos colombianos, y los síntomas vendrían siendo la formación de grupos ilegales y la violencia. Pienso que los atentados y operativos a las guerrillas solo logran evitar el síntoma, el estornudo, pero el virus sigue ahí, gestando futuros guerrilleros, traquetos y delincuentes.

¿Por qué creo que con un presidente que impulse la cultura y la educación la realidad del país cambiaría? Pues porque se estaría atacando al virus. Mientras con  operativos como la Operación Jaque o Ave Fénix se gastan miles de dólares y se dan de baja máximo 50 guerrilleros, construyendo un colegio en un corregimiento del país se gasta menos plata, se crea más empleo y de paso nos ahorramos 200 guerrilleros en potencia. La mayoría de las personas que están en las filas de las FARC fueron reclutadas cuando eran niños de 12, 13 o 14 años, fueron reclutados porque necesitaban el dinero, no tenían nada más que hacer porque no tenían educación, o por ignorancia ¿Por qué esperar 20 años para dar de baja a estos niños en vez de prevenir que a sus escasos 15 años se conviertan en delincuentes?

No veo en Mockus un mesías, un salvador que vaya a traer la paz y la felicidad a Colombia, pero si veo en él una oportunidad de cambio. Creo que el cambio es necesario por todo lo que he dicho anteriormente, porque hace que la sociedad colombiana deje de ser tan cerrada y tan hipócrita, tan de doble moral ante muchas de las problemáticas, porque creo -al igual que el-  que la cultura del atajo ha traído muchos problemas al país, porque parece que Mockus –por alguna razón desconocida- saca lo mejor de los colombianos, por ejemplo hace que los jóvenes como yo nos interesemos por el futuro de Colombia y porque creo que si se empieza desde un acto tan sencillo como cruzar la cebra, usar el cinturón de seguridad y preferir la violencia simbólica sobre la física se puede llegar a grandes cosas.