Alta Consejería de El Bogotazo

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El personaje Godofredo Cínico Caspa de Jaime Garzón debe estar asustado ahora que ve venir la Marea Verde. Por lo menos, temblando sí están los que como Godofredo ven en la defensa del statu quo la mejor manera de darle rienda suelta a su propio cinismo.

Es increíble, la ridícula columna de Plinio Apuleyo Mendoza en El Tiempo del 16 de abril, queriendo ser una crítica al movimiento político generado por Antanas Mockus, bien podría ser una apología irónica al Partido Verde si algún joven llegara a leerla realmente. Es tal la falta de argumentos que logren abastecer de credibilidad su crítica que parece perder el norte en cierto momento, así como lo perdió el autor de la columna cuando, al sol que más le alumbraba, se cambió de bando político durante su vida.

El artículo se llama disque “Bobitos, no” diciéndole a los jóvenes interesados en el Partido Verde, que les gusta Mockus sólo porque: “en esta campaña están pesando más los efectos publicitarios que las propuestas y las capacidades demostradas” y porque “las simples propuestas de pedagogo no bastan para gobernar un país”. ¡Les dice bobos porque quieren votar por Mockus y lo disfraza como consejo de viejo! Un consejo senil y desgastado más bien.

Lo más cómico del asunto es que sus impotentes argumentos son ciertos de cierta forma, si los volteamos, ya que girar la verdad es la vieja técnica de Godofredo Cínico Caspa. Por eso, tal como el personaje conceptual de Jaime Garzón, este escrito de Plinio podría ser sin cambiarle una letra, una parodia crítica de sí mismo como perfecta representación de lo que es ser uribista, de lo que es ser alguien que votaría por Noemí o por Santos y por ello consigue lo contrario a lo que busca.

Por ejemplo, en referencia a lo que atrevida y valientemente dice Plinio de Mockus, es todo lo contrario: Los efectos publicitarios del marketing político de gobierno, mantuvieron escondidos debajo de la alfombra y encima del teflón, todo lo de la salud, lo de la educación, lo del empleo, lo de los falsos positivos, lo de los desplazados, lo del acuerdo humanitario, lo de la parapolítica, lo de los paraempresarios, lo de la yidispolítica, el apoyo a Bush y sus guerras en medio oriente, etcétera, todo en nombre de que se disminuyeron los secuestros.

Tapar un hoyo abrió cinco más durante el gobierno de Uribe y no porque fuera necesario sino porque obedecía a los intereses egoístas y privados de unos pocos que son el sostén del uribismo y que no solamente pertenecen a esta nación. Esos pocos son los sectores sociales, políticos, militares y empresariales que lograron aumentar los privilegios en la guerra contra las Farc y con el concomitante saqueo de la economía colombiana.

¿Cómo va a hacer Mockus un simple producto de los medios cuando los medios son del gobierno o están con el gobierno? ¿Cómo, si para nadie es un secreto que Asomedios asumió e hizo público su compromiso de no ser imparcial en esta guerra? Además es un verdadero peligro que en un país como Colombia, donde gobierna la fuerza bruta, las propuestas de un pedagogo no valgan para Plinio, siendo él mismo un supuesto viejo sabio como pretende aparentar.

Plinio cumple el rol social arquetípico del tinterillo de la corte o de mandarín, lo cual lo ubica en un estrato menor que José Obdulio. Hay que aprender a aprovechar estas “peladas de cobre” de los que dicen gobernar con argumentos cuando sus argumentos se reducen al autoritarismo, al control del statu quo y al miedo. Para manejar este país, ni Laureano, ni Turbay, ni Barco, ni Pastrana, ni Samper, demostraron ni antes ni después de su gobierno, capacidades para gobernar. Es hora de un cambio para mejorar, no para continuar.

Terrorífica y cínicamente Plinio pretende dar un consejo de viejo sabio cuando ya no cabe la menor duda para nadie que es un bajo y macabro intento de burlarse de Mockus por su Parkinson y porque en medio de su irreverencia realmente ha demostrado al público y a sí mismo que es una persona diferente en todo sentido. Sobre todo en lo de la ética, punto de partida de cualquier sociedad que quiere perfilarse hacia la plenitud social y hacia el mejoramiento equilibrado de su existencia en todos las esferas de la vida.