Alta Consejería de El Bogotazo

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Independientemente de los mitos y verdades acerca del llamado “Bogotazo”, sucedido el 9 de abril de 1948, podemos decir que fue un suceso sociopolítico demasiado importante como para reducirlo a una simple página dentro de un álbum de fotos oficialista de nuestro pasado como nación. La historia es engañosa y así como la violencia en Colombia no comenzó ese día, y así como no podemos reducirlo a un simple crimen político perpetrado supuestamente por Roa, también es cierto que fue un acontecimiento que marcó, afectó y hasta traumatizó la conciencia nacional.

Después de la masacre de las Bananeras, acontecimiento que muestra la violencia del Estado Colombiano contra su pueblo trabajador aproximadamente dos décadas antes,  el 9 de abril fue una de las primeras expresiones urbanas de las diferencias de clases sociales en Colombia y la primera vez que las clases menos favorecidas se dieron cuenta que tenían el país en sus manos para esculpirlo como quisieran. Lástima que no se esculpió sino que se escupió y se destruyó buena parte de Bogotá. Sin embargo es entendible la reacción violenta debido a siglos de injusticia colonial renovada y reencauchada por los diferentes gobiernos de nuestra historia republicana. Podríamos decir de todas maneras que “El Bogotazo” fue apenas una reacción epidérmica, instintiva, caprichosa y por ello, fácilmente administrada por las élites liberales y conservadoras que ya no se querían enfrentar entre sí, sino que juntas, encontraron en los intereses de los pobres colombianos su objetivo militar y su enemigo para perpetuarse en el lugar de los privilegios y en el lugar donde se realiza la toma de decisiones administrativas de todo el país.

Hoy 62 años después, me pregunto, qué es lo que tendrá el mes de abril que siempre se cocinan sucesos transformadores para nuestra sociedad. Lo cierto es que han sido sucesos que quitan la tranquilidad a los que desean que todo siga igual en nuestra organización social, económica y política. Así como el M-19 nace por los sucesos del 19 de abril y así como el Bogotazo, también en abril, hoy vemos con un desconcierto alegre y con una esperanza irreconocible, la Marea Verde que se ha producido en contra de ese soborno en el que ha estado la opinión pública desde hace años y que sólo nos permite escoger entre el terrorismo del Estado colombiano y el terrorismo de la izquierda armada.

Cualquiera de las dos es una amoralidad y una falta de ética humana. Escoger entre las Farc y Uribe es como escoger entre la bolsa o la vida. Esas no son las únicas opciones. Esas no son opciones democráticas. Sí son las más fuertes, influyentes y determinantes hasta ahora porque aunque contrarias, se alimentan entre sí en una simbiosis macabra que beneficia a criminales, gavilleros, grandes empresarios de todo tipo, vendedores de armas ganaderos y azucareros sin ningún escrúpulo para enriquecerse, corporaciones, latifundistas, narcotraficantes y políticos, eso sí todos, del uribismo o uribistas por supuesto. Ya el cinismo no les da para más y el rostro de Uribe, desgastado, no puede seguir sirviéndole a la élite colombiana de sofisma de distracción para la destrucción de nuestras ya maltrechas instituciones democráticas y para la continuación de una guerra sucia, obscena e indecorosa. Ya la situación de la salud, de la educación y del trabajo no se puede seguir ocultando con el chauvinismo elitista, militarista y mediático de la sangre y el fuego.

De verdad con Uribe, estamos atravesando un muy mal momento para la expresión y comunicación de ideas, y para el desarrollo humano real e integral. Por ejemplo cómo así van y meten a la cárcel a un estudiante por hablar mal del hijito del presidente por internet, al tiempo que el gobierno trata de impedir que las cortes juzguen a parapolíticos, como Mario Uribe primo del presidente, que tienen quien sabe cuántos muertos encima. Esto no tiene nombre ni presentación. Esto, así como está, no es una democracia, no nos digamos más mentiras. Miren por ejemplo la permisividad legal que se les da a los bancos para seguir haciendo negocio con nuestro futuro. Cómo así en el Rosario o la Javeriana detienen y se llevan estudiantes porque le dicen al presidente que es un “facho”. Es de risa, parecemos viviendo en el país de la reina de corazones de “Alicia en el País de las Maravillas”. El poder constituyente, es decir, el pueblo, tiene que transformar ya el poder constituido y el statu quo. Aconsejo a los estudiantes que no le griten nada al presidente, para evitarse la desaparición o la cárcel. Voten más bien por Mockus y Fajardo y sigamos creyendo que la libertad de pensamiento nadie nos la va a poder quitar ni con la fuerza de las armas ni con el soborno mediático Uribe-Farc.

Nunca he votado por nadie porque nunca he creído en este sistema electoral aristocrático y premoderno. Sin embargo creo en Antanas Mockus no como mi candidato porque prefiero a Petro en realidad, sino como la única opción para por lo menos tener a alguien respetable como contradictor. La Marea Verde de Mockus, Fajardo, Garzón y Peñalosa me ha tocado el alma y me ha erizado porque hay diferencias que no importan cuando tenemos como enemigo común al desasosiego social, a la falta de ética y al negocio de la guerra sucia.