Categoría: La Misiá Eliza

 

 

Julietta, fue por muchos años la esposa de Don Ricardo, ambos vivían cerca al sol, enamorados, amándose, eran una promesa de vida para aquel mundo tan proclive a lo efímero. Recién casados el bochinche de un amor apasionado que ya estaba a punto de estar por encima del bien y del mal, que habitaba en la atmósfera del más íntimo rayo de sol llego a oídos de las brujas. No se sabe cómo paso, tal vez en un ocaso los amantes se desnudaron de alegría y un trozo de beso cayó en manos de inertes seres humanos.

Las brujas alistaron su batallón de astrolocos, aquellos se enteraron de unos enamorados que se estaban amando con tanta locura que podrían llegar a valer kilos y kilos de oro, que cambiarían al mundo, supieron que los brazos de dos amantes podían enmudecer al sol y la atmósfera del cascarón donde estos malvados vivían se podría salvar, los empresarios furiosos financiaron la guerra más absurda a favor del desamor y la destrucción. Sin pensarlo hombres poderosos empezaron a derrochar dolor en su propia tierra, empezó el dolor y la sangre, todo aquel que quisiera defender los amoríos de ese dueto sería condenado a la tristeza eterna.

La infausta noticia no se hizo esperar y las estrellas chismosas fueron portadoras de la peor noticia que Ricardo y Julietta habían recibido, estaban solos en la inmensidad de los universos… Solos en un lugar tan amplio, con la certeza de dar la vida, si fuera necesario en honor a su amor. Ricardo se asomó al balcón, miró hacia abajo y vio lo solos que estaban esos hombres tristes y pensó en lo demente que estaba cada uno de los tipos de ese lugar tan desolado ¿haciendo guerra por el amor? Contra toda lógica el hombre valiente se conmovió. Grito como nunca antes lo había hecho y en el estruendo de dolor las estrellas muertas que estaban enredadas en los vericuetos del panorama azul se desprendieron bajando velozmente por la vía láctea, llegando como masmelos al planeta tierra. Los astros se posaron en las calles, parques y jardines; esa noche los hombres desnudaron su corazón ante lo hermoso, se abrazaron, besaron con el mismo deseo y ansias que Julietta y Ricardo lo hacían.

Lo que debía saciar el hambre de destrucción de estos caníbales se volvió gasolina para el final de la tragedia, como habían agotado todas sus riquezas en muerte y no tenían lo suficiente para una nave con capacidad de sobrevolar el sol, los poderosos comenzaron a destruir bosques enteros para construir una escalera enorme y larga que llegaría hasta el corazón del sol. Desesperados enviaron a uno de los astrolocos que empezó a subir peldaño por peldaño con toda la sabiduría de un propio destructor. Persecución solar.

Julietta en su locura por defender lo único valioso que tenía hizo un trato con el sol y minutos antes de que los reclutaran para tener al final de esta historia una tragedia prolongada por la eternidad, el sol se dejó arrancar uno de sus enormes bigotes, el cual lo amarraron a 500 estrellas que regalaron sus cuerpos a la pareja de amantes. Ricardo y Julietta se posaron sobre el bigote, se abrazaron con fuerzas, se miraron y en secreto miraron la tierra con melancolía prometiendo que algún día volverían a la vida amándose esperando vivir en un lugar cómplice del cambio, del respeto y del amor. El sol tomó aire y del único pulmón de hielo que tenía en su cuerpo cálido, sopló a los enamorados copos enormes de frío blanco para que aquel amor se conservara por la eternidad.

Cuando el astroloco llegó hasta el último peldaño habiendo cruzado los travesaños del egoísmo y la maldad se encontró con una enorme bola blanca y fría que cuidaba a los lunáticos bastos de amor, que algún día, cuando todos aceptaran el respeto y el amor como única forma de vida se romperá por completo y dejara salir el tesoro lunar que guarda dentro de su coraza.

 

Pablo Navarrete

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