Categoría: La Misiá Eliza

 

 

Las muertes en éste país generalmente producen el efecto memoria, recordamos solo cuando habita la ausencia, y añorar a un muerto es un hábito ciertamente inútil si no logramos dimensionar el paso de esa persona por nuestras vidas y por la de nuestro entorno, país y sociedad.

A pesar de la fuerte amnesia colectiva que vivimos en nuestro país, irónicamente hemos inmortalizado en las memorias de las generaciones más jóvenes a los pioneros del horror y la crueldad. Personas como Pablo Escobar, Los hermanos Castaño, uno que otro político embustero y presidentes hambrientos de poder componen la historia de narcotráfico, corrupción, muerte y maltrato que todos los días está latente en mi país, no está mal saber quiénes son. Lo que no es correcto es construir para nuestros niños y niñas que crecen por un camino prolifero en imaginación y creatividad una historia que tenga un punto de inicio con estos agentes de la destrucción, que solo producen vergüenza para nuestra querida Colombia.

Pero ¿Qué niño o que adolescente sabe que significa Gabriel García Márquez para nuestro país? ¿Quién sabe que significa Jairo Aníbal Niño para Colombia y sus magníficos libros hechos a la justa e inagotable capacidad creativa de todos los niños? Estos dos, son entre miles, maravillosos creadores que dedicaron su vida entera a la construcción de mundos paralelos y maravillosos, mundos que deberían ser el punto de partida para una historia digna de contar en nuestro país y una generación con capacidad de entender, aceptar y soñar. Si juntáramos a Zer y Lía, los gorriones de Jairo Aníbal Niño con las mariposas amarillas de “Gabo” y se los mostráramos a los niños de Colombia haciéndoles entender que ese es el lenguaje de paz y compromiso con el futuro que todos debemos asumir desde ahora, nuestro país por fin tendría la posibilidad de un “después”, de continuar en la dura labor de reconstruir vidas colombianas de una manera coherente. Gracias Gabo y gracias Jairo por tanto trabajo, grandes hombres que desde sí mismos reconstruyeron su país.

En definitiva la creación es el camino, es preferible un niño que jamás haya aprendido a sumar y a restar pero que toda su infancia haya creado casi que por inercia. Arriesgado, con la tenacidad y la fuerza de darles vida a reyes de las flores, criaturas, mundos y reinos que solo ellos podrán explorar a un niño brillante en sus compromisos académicos pero que de grande no supo relacionarse con la vida y con el mundo. Un niño que sepa crear es alguien con capacidad de crecer dignamente y alguien con capacidad de crecer con dignidad es un hombre que en un futuro aceptará a su país y entorno con la

responsabilidad de hacer de éstos un lugar mejor, es decir un espacio en el que todos podamos caber como iguales.

 

Misiá Eliza

Pablo Manuel Navarrete R