Lo que han dicho...

Categoría: Exprésese

  

Foto: Pablo Navarrete

Foto: Pablo Navarrete

Uno tiene en la vida muchos retos, momentos duros o formativos que agitan sentimientos de dolor, de orgullo y plenitud, de los retos más grandes que he podido tener en mi vida personal y que ha tenido un impacto en la manera de construir mis ideas, de argumentar y ver al mundo es el hecho de asumir y aceptar con la cabeza en alto mi homosexualidad, ha sido el hecho de decir sin tapujos: soy gay y eso no me hace ni mejor, ni peor persona, ni enfermo, ni superficial. Soy gay y punto, escribirlo ahora es fácil, pero antes me causaba pánico tan solo pensarlo.

Aceptar con libertad y respeto mi homosexualidad es  lo mejor que me ha ocurrido en la vida, pues vivir tranquilo con mi sexualidad es un hecho que inescrutablemente ha dignificado mi ser. En esa medida cuando se ha logrado construir internamente algo tan valioso como lo es la dignidad, es decir: el amor propio, la felicidad de besar, tocar o mirar a otro hombre en pleno uso, no solo mis derechos civiles, sino de mis principios emocionales y espirituales sin importar las miradas de juicio o asco de algunos seres que han decidido hacer de la homosexualidad un motivo para vivir en la infelicidad. 

Duele en lo profundo de un país que está luchando por cambiar, y en lo profundo de un hombre como yo que trabaja para que este país cambie llegar denunciar lo siguiente:

Es domingo 10 de Julio, me encuentro con otro amigo en un Centro Comercial al sur de Cali, como no se me permite decir el nombre de este lugar le llamaremos “El centro de la furia “, un lugar en el que va gran parte de la crema y nada de la sociedad caleña. Esa parte de esta sociedad que pretende comportarse como gringa en medio de ese armatoste capitalista que representa este gran y antiguo centro comercial de la ciudad.

Era casi de noche, yo estaba hablando con mi amigo, vi un hombre joven, muy cercano a mi edad, unos 22 años, lo mire, era realmente guapo, con una belleza que merece ser admirada, él estaba con alguien que desde un principio supuse que debía ser su padre. De pronto no disimulé lo suficiente, no estuve a la talla de esa cautela moralista típica que exigimos los colombianos para poder ser merecedores de un respeto atado al “qué dirán”.

En fin, pasado el episodio seguí hablando con mi amigo quien minutos después se va con afán para una reunión, se levanta muy orondo y me roba un beso. Yo como siempre termino muerto de la risa con el detalle, me despido y al quedar solo pretendo darme la última vuelta  por el lugar. Me siento en una banca ubicada en el pasillo 2 del centro comercial, saco mi celular y me englobo pensando en las mil cosas que debía hacer el lunes.

Dos minutos después siento algo, siento que alguien me observa. Levanto mi cabeza y veo a un tipo que ya pasados los días lo logro caricaturizar con mi cabeza pese a su perversión: chanclas cafés, pantaloneta verde y camiseta blanca, gordo, con marcas de acné en su cara, blanco, boca gigante y ojos encolerizados. Como no se ha ubicado la identidad de este señor le llamaremos “Botija”. Botija se quedó mirándome  desde lo alto de su masculinidad barata y me dijo:

- Ustedes dos estaban mirando a mi hijo, roscones triplehijueputas

Yo le dije:

- Sólo miramos señor, siga por su camino en buena onda.

El me responde:

- En buena onda nada, maricón triplehijueputa, dejen de dar boleta, por culpa de ustedes esta ciudad está como está.

No contento con haberme insultado saca su mano y me pega en mi costado derecho cuatro puños, mientras me golpeaba dijo algo que nunca voy a olvidar:

- A ustedes los deberían desaparecer.

En primera instancia creo que cuando don Botija se refiere a que es responsabilidad de todos los homosexuales la situación actual de Santiago de Cali, siguiendo con sus diatribas agresivas, debo aceptar sus afirmaciones: La comunidad LGBTI es responsable de constituir gran parte de los centros de estética de la ciudad así como de constituir la mayor cantidad de cadenas de restaurantes gourmet de la ciudad, sin nombrar los abogados, diseñadores y propietarios de almacenes de ropa de gran prestigio, publicistas de grandes corporaciones que cada día se imponen en lo más  alto del mercado nacional y tantos gays, lesbianas y demás personas que pertenecen a la comunidad LGBTI, trabajadores y dedicados que han logrado solventar, gracias a su esfuerzo infatigable, gran parte de la industria de la ciudad.

Entonces sí, somos altamente responsables. Cuando dijo que a nosotros los gays nos deberían desaparecer sonaron sierras eléctricas en mi cabeza, mi mente se quedó muda del miedo, me temblaron las piernas y yo pensé que Botija me iba a pegar un tiro. Fueron segundos de pánico, temí por mi vida. Me parecía un hecho que contrastaba con esa paz y ese civismo que se busca en nuestro país actualmente.

Como pude me levanté de la banca, mientras el tumulto de gente observaba el hecho sin hacer absolutamente nada ¡La indiferencia patológica! La indiferencia nos hace ignorantes, nos vuelve maleducados e insensibles ante la posibilidad de una sociedad inteligente y diversa, entendamos eso por favor. 

Como una gallina, pasando frente a los guardas, frente a los policías me fui llorando hasta la calle quinta  con un dolor que me atravesaba el alma. ¿Por qué no denuncie de inmediato? Me asusté, nunca me habían pegado, yo pensé que tipos como esos estaban casi extintos, pero a raíz de lo que sucedió estoy seguro que más de un niño, debe tener en su cabeza que en este mundo tenemos el requisito sine qua non de respetar únicamente a aquellos que piensan y actúan como si vivieran en un patriarcado, viendo la homosexualidad y todo lo diferente como al enemigo, como la peste; cuando realmente la enfermedad y la peste se encuentran en sus pensamientos ordinarios, pensamientos llenos de taras e ira.

Lloré, lloré toda la noche sintiendo que no valía la pena vivir en un país tan reprimido, en una ciudad tan retrasada y escondida  con una lógica aberrada, sentí vergüenza ajena por el hombre que me golpeó y por el resto de homofóbicos que de manera caprichosa e inexplicable nos han odiado. Cuando el llanto termina el lunes a las 6 de la mañana me levanto a hablar con Luis Felipe, el abogado valiente que me dio fuerzas para emprender todas las denuncias mediáticas que he estado haciendo contra el hecho y toda la campaña que me dispongo a hacer con la fe puesta en el cambio y en la consecución de un país equitativo y amplio para todos.

La respuesta del centro comercial a mi modo de ver fue insulsa: “No habían guardas cercanos de manera visible en la grabación”. Razón por la cual su responsabilidad en el hecho termina. Hoy me pregunto qué hubiera llegado a pasar si dentro de las mismas instalaciones del mismo centro comercial el tipo se hubiera ahorrado los puños y me hubiera pegado un tiro, suponiendo que los guardas en este caso también estuviesen lejos ¿Tampoco pasaría nada? ¿Hasta donde llega la responsabilidad del centro comercial en la implementación de políticas incluyentes y en contra de todo tipo de discriminación? Y si es que las hay, ¿Por qué no se hacen valer?

El Centro Comercial está viendo lo que sucedió, lo ven con sus ojos en el video y todo este grave hecho termina en “no se vieron guardas cerca en el video”, sin embargo, tienen en sus manos la oportunidad de empezar una respuesta institucional con fuerza frente al hecho, con una campaña amigable que identifique al lugar como un espacio amplio que apoya la diversidad. Pero no lo harán y a eso me refiero cuando digo al principio de este artículo: “armatoste capitalista que representa el centro comercial”.

No lo hago con el fin de hacer una denuncia panfletaria y mamerta, sólo quiero hacer referencia al gran poder político y social que tienen estos lugares en una ciudad como Cali, pues al final, es la palabra de un artista gay de 22 años contra la de un centro comercial con más de 30 años de funcionamiento en la ciudad.

Me di cuenta en ese momento que no importarían las denuncias penales que le pusiera al tipo o los alegatos que hiciera ante los directivos del centro comercial, con ellos todo se reduce a un tema de marcas e imagen, mi alegato es por la dignidad, sin embargo, le tengo fe a las leyes, pero soy consciente que sólo vale lo que yo hago, solo importan mis denuncias honestas y los movimientos que empiece para que algo se transforme.

Como la vida es justa y equilibrada la respuesta de los medios ha sido más que generosa, mis amigos han sido afectuosos y me han llenado de fuerzas para seguir construyendo esto sin miedo, directivos de ONG, mi familia, mis hermosas y amorosas compañeras de los jardines infantiles donde trabajo con su apoyo incondicional y su indignación respecto a este suceso y la valiente respuesta de apoyo de tantas personas que se han pronunciado ante el hecho, me mostró que así como muchas mentes pretenden seguir viviendo en la prehistoria, aferrados al odio y al desequilibrio hay otros miles, y me atrevería a decir que millones, que han logrado hacer evolucionar sus pensamientos y estar a la altura de una sociedad pensada para la paz, ese es el gran reto, lograr que nuestros pensamientos logren transformarse, pero el cambio comienza por nosotros, por cada uno.

Debemos entender que vinimos a este mundo a transformarnos nosotros mismos, no vinimos a cambiar a nadie a las patadas, debemos aceptarnos con respeto y comprender de manera estructural la importancia de vivir en un mundo donde la diversidad prime.  Estos cambios se dan hablando, dialogando, denunciando con claridad y honestidad, sin querer cambiar a nadie, respetando nuestros motivos y circunstancias, sin querer violentar y maltratar. Simplemente vivir en libertad, y personalmente, sin miedo a continuar viviendo mi homosexualidad con dignidad, en pleno uso de mis facultades, querer atropellar a otro por ser diferente sólo da muestra de una increíble carencia de afecto hacia su entorno, hacia cada una de las acciones que lo acompañan y que componen sus resultados de ser, como por ejemplo golpear, poniendo en evidencia su triste y decadente estado interior.       

Gracias a elbogotazo.com por permitirme este espacio,

Pablo Manuel Navarrete Rivera

@ElPaticorti